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Vida Catòlica noviembre 11, 2025

Sirvamos como verdaderos esclavos del Señor

Mis hermanos, hoy el Señor nos invita a vivir la dicha perfecta, la alegría perfecta. Servirle al Señor con amor, servirle a nuestros hermanos con amor.

El evangelio de hoy es una exhortación o invitación, depende de cómo lo veamos. Somos hijos de Dios, no tenemos nada de qué gloriarnos, todo nos lo ha dado él, comenzando con nuestra vida, por ejemplo. Pero, yendo más allá de lo obvio, podemos pensar en muchas situaciones diferentes en las que hemos caído en la tentación de pedirle al Señor algo más, solo por haber servido en nuestra parroquia o en nuestra comunidad.

Debemos preguntarnos a nosotros mismos. ¿Seguimos a Dios por lo que nos da o por quién es? Recordemos que seguir a un Cristo sin cruz, se nos vuelve más bien un amuleto. ¿Cuántas veces hemos caído en la tentación de ser exigentes en nuestros servicios, pero con el fin de esperar algo a cambio del Señor? Ya sea una bendición o algo que esperamos y deseamos con todo el corazón.

¡No seamos insensatos! El Señor espera que luego de una jornada pesada, nos dispongamos a servirle su cena y continuemos con el espíritu de servicio. Aunque a veces cansa, aunque a veces puede llegar a aburrir el servicio. Jesús hoy nos recuerda que siempre tenemos que tener esto en cuenta: «No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Vivamos pues hermanos, con este espíritu de servicio, pero del espíritu que no espera, sino que todo lo da; del espíritu que se olvida de sí mismo, del que se vence a sí mismo, porque no tenemos nada de qué gloriarnos, todo nos lo ha dado Dios. ¿Que tenemos que no hayamos recibido de Él? De lo único que podemos gloriarnos es en la cruz de la tribulación, de la soledad, del sufrimiento, ya que esto es nuestro. Como dice San Pablo: «No me quiero gloriar, sino en la cruz».

¡Toda la honra y elogio a nuestro Señor!

Paz y Bien
Amén

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