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Vida Catòlica diciembre 4, 2025

Sepamos edificar sobre roca, cumpliendo la Palabra.

Mis hermanos, si hay algo que a mí me gusta de San Mateo, es que es el evangelio más sincero, o al menos, así lo vivo yo. San Mateo es el evangelio que nos muestra a Jesús como Rey y como un Rey que no anda con rodeos, que dice y anuncia la Verdad siendo él el primer testigo y la Verdad. En San Lucas vemos a un Jesús sincero pero misericordioso, en cambio, en San Mateo, vemos a Jesús enseñar, a como decimos en Nicaragua: «Sin pelos en la lengua».

¿Por qué digo esto? Porque el evangelio de hoy nos muestra un mensaje que para muchos puede ser peligroso. El Señor nos dice: «No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos». Y es aquí donde muchos de nosotros caemos en la tentación de comenzar a pensar en aquel hermano que anda en la Iglesia, pero en la calle es un chismoso, mentiroso, lujorioso, etc. Sí, pero el evangelio Cristo lo anuncia, no para el hermano, sino para mí.

No podemos caer en la tentación de leer mal este evangelio. Para lograr entender mejor a qué se refiere Cristo con esto que dice, es necesario leer todo el sermón de la montaña, puesto que estas palabras son la conclusión de una serie de enseñanzas que Cristo da a una multitud desde el capítulo 5 hasta el final del capítulo 7 de Santo Mateo. Por eso, yo les invito a leerlo todo con sus biblias y así podremos hacer un excelente examen de consciencia, revisándonos si en verdad, estamos cumpliendo la otra parte del evangelio del día de hoy: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca.»

En resumen, si no mentimos, si no adulteramos, si no somos bienaventurados, si no somos sal y luz del mundo, si juramos en falso, si no eliminamos la logica de «ojo por ojo, diente por diente», en fin, si no ponemos en práctica todo lo que San Mateo nos dice desde el capitulo 5 hasta el 7, estariamos edificando sobre arena. No sería prudente de nosotros, y sí hermanos, no hay que engañarnos, todo esto es difícil. Ya una vez los apóstoles se lo dijeron a Jesús: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?», y Jesús dijo: «Para el hombre es imposible, pero para Dios, no hay nada imposible!».

No podemos hacer nada sin la ayuda de Dios, por eso es necesario poner todo nuestro empeño y voluntad, para que con lo poco que podemos dar de nosotros, Dios haga posible todo lo que para nosotros, nos parece imposible. Ese vicio, esa lujuria, esa mentira, ese chisme, todo! lo puedes superar, si primero pones de tu esfuerzo y luego, te aferras a Dios día a día por medio de la oración.

Toda honra y gloria para Cristo, mi Señor.
Paz y Bien!
Amén

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