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Vida Catòlica septiembre 23, 2025

¡Seamos Todos, Hermanos y Madre de Cristo!

Queridos hermanos, el Evangelio de hoy se nos presenta de una manera tan simple, pero al mismo tiempo, pesado, complejo, incluso, hasta difícil. ¡Jesús lo deja claro! El que escuche la Palabra de Dios y la cumpla, ese podrá llamarse mi hermano y mi madre.

En el primer capítulo del Evangelio de San Juan, donde leemos ese precioso prólogo, donde San Juan, con un ritmo dulce y amoroso, nos explica que la Palabra existe desde el principio y que ha estado junto a Dios y que la Palabra era Dios! También, que por la Palabra se hizo todo cuanto existe, los cielos, los mares, lo visible y lo invisible.

Esa Palabra, la misma con la que hizo Dios el universo (Génesis 1), se hizo carne y ahora habita entre nosotros y nos dice: El que escuche la Palabra de Dios y la cumple, ese es mi hermano y mi madre. Esto, en un sentido completo, es más complejo de lo que pensamos, Jesús, que es la Palabra misma, nos dice: ¡Escuchemos y cumplamos!

¿Cuál es la Palabra de la Palabra?
¿Qué nos enseña Jesús, como la Palabra viva, que respira y escucha, pero que también actúa?

¡Por sobre todas las cosas, nos enseña e invita a amar!

La cruz es la mayor demostración de amor que puede existir y Jesús lo deja claro: ¡Si quieres ser discípulo mío, niegate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme! Porque Jesús, como el nuevo Adán, nos enseña a ser verdaderos hijo de Dios, verdadera imagen y semejanza de Dios. Entonces, preguntemonos a nosotros mismos:

¿Estoy viviendo una vida acorde al Evangelio?

¿Soy consciente de cuál es mi cruz?

¿Estoy amando? ¡De verdad! Sin lógica de intercambio (ojo por ojo, diente por diente)

¿Estoy viviendo una vida de bienaventuransas?

¿Estoy caminando detrás de Cristo hacia el Calvario, con mi cruz?

Está más que claro que Jesús el día de hoy nos invita a hacer una pausa en nuestra vida y hagamos un examen de conciencia. ¿Qué tanto estoy cumpliendo la Palabra de Dios? ¿Qué tan imitadores de Cristo somos? Evangelio tan corto el de hoy, pero que nos deja tarea tan grande.

Hermanos, sumergidos en una actitud de oración, pidamos a Jesús que nos regale un corazón humilde, porque este es el camino que nos prepara a la santidad, el camino que prepara la tierra fértil, para que esa semilla caiga y muera, para dar frutos.

¡Para el hombre es imposible, pero para Dios, TODO ES POSIBLE!

Amén

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