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Vida Catòlica noviembre 7, 2025

Seamos administradores habilidosos del Amor

Mis hermanos, hoy volvemos a las exhortaciones, pues Jesús nos dice al final del Evangelio de hoy: «Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz». Esta expresión, hasta podría sonar como un regaño, porque Jesús en este caso, tiene que acudir a un ejemplo mundano para pedirnos que seamos iguales, pero en los temas de Dios.

La palabra clave es «Habilidad». Sean hábiles, dice el Señor. Esta parábola que Jesús nos cuenta hoy puede llegar a ser un poco confusa, porque Jesús nos cuenta cómo un administrador que ha robado, fue astuto para asegurarse de tener a alguien que le reciba cuando le despidan. Pero, ¿por qué Jesús nos da un ejemplo de alguien que roba y, por encima, roba una última vez para asegurarse su estabilidad?

Bueno, hay que aceptar que todos nosotros somos administradores del Señor. Dios nos ha dado dones, hijos, esposas o esposos, feligreses, trabajos, carismas, etc. y todo es una gracia del Señor, para el Señor. Claramente, Dios nos ha limitado a nosotros en un tiempo y en un espacio, por ende, todo lo que Dios nos ha dado algún día será reclamado. Dios nos pedirá cuentas de todo lo que nos ha dado; es entonces, cuando viene la «habilidad» de la que Jesús se refiere.

Tenemos que reconocer, hermanos, que nosotros somos especialistas en las cosas del mundo. Tenemos habilidades increíbles para mentir, para conseguir dinero para algo no bueno, para ser infiel, para robar, para faltar al respeto a alguien a quien debemos guardar respeto, etc. Jesús sabe que somos hábiles para las cosas del mal, así como el administrador de la parábola. Pero Jesús nos dice hoy: «Yo sé que has usado mal todo lo que te he dado a administrar». Pensemos, hermanos, por un momento, si nos encontrara la muerte hoy, ¿qué juicio tendríamos de parte de Dios? ¿Qué cuenta entregaríamos?

Jesús sabe que hemos sido mal administradores de las gracias que Dios nos ha dado, pero nos invita a que seamos hábiles para ganarnos la gracia de la misericordia de Dios, que nos ha sido dada, pero que necesita cada vez más ser más alimentada. Jesús nos exhorta a usar esa misma habilidad que tenemos para lo malo, pero esta vez, para ganarnos el cielo. Seamos tan habilidosos en las cosas del Padre, de manera que el día que nos toque rendir cuentas ante Dios, nos diga como el amo de la parábola: «este administrador, ha procedido con habilidad».

Actos de amor al prójimo, dejar de murmurar y decir chismes en contra de nuestros hermanos, dejar de hacer nuestros caprichos, amar ese trabajo que Dios nos ha dado. Cuidar con amor a nuestros hijos, respetar a nuestros padres. Dar sin esperar nada cambio, servir en la parroquia. Tenemos que vivir con una actitud de esclavo agradecido con su amo, para que al final del día, cuando nos toque el pago, seamos reconocidos por nuestras habilidades al cosechar el amor.

Que la Santísima Virgen nos ayude a ser astutos para asegurarnos no el éxito mundano, sino la vida eterna, para que en el momento del juicio final las personas necesitadas a las que hemos ayudado sean testigos de que en ellas hemos visto y servido al Señor.

Paz y Bien, Amén

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