¿Qué estamos dispuestos a ofrecerle al Señor?
Hermanos, nuestra naturaleza es pecadora. Todos somos pecadores y nuestro destino es la muerte, porque la paga del pecado es la muerte. Nuestros antepasados murieron por causa del pecado y todo lo que podemos esperar nosotros también es muerte.
Pero Dios, a través del bautismo nos ha convertido en verdadera criatura suya, que en sus manos, nos limpia de ese pecado original, pero aún, nos sigue dando esa libertad, el libre albedrío para que, podamos encontrarle y al encontrarle amarle con todas nuestras fuerzas y toda nuestra voluntad. Pero, por causa de nuestra naturaleza pecadora que viene a raíz del pecado original, nuestra inclinación es hacer nuestra voluntad y no la de Dios, y por ende, la muerte nos espera porque no hemos abrazado la vida.
Sin embargo, para Dios nada es suficiente y su amor y misericordia superan toda clase de ofensa y rechazo. Amó tanto Dios al hombre que nos dio a su único hijo para redimirnos y salvarnos del pecado, para que todo aquel que crea en Él no solo tenga vida, sino que la tenga en abundancia.
El evangelio de hoy nos lo demuestra, Jesús llama a Zaqueo y le dice que irá hoy a su casa y cenará con él. Pero ¿quién es este? ¿Quién es este que cena con pecadores? Pensemos, hermanos, de verdad, pensemos en nosotros mismos, en nuestro pasado, en todo el tiempo que hemos desperdiciado en las vanidades de este mundo, en nuestro ego, en nuestra soberbía, dándole rienda suelta a nuestra carne. Pensemos, ¿quién es Jesús que viene a nuestra casa hoy y cena con nosotros? ¿Más bien, quiénes somos nosotros para el Maestro venga hoy a nuestra casa, a nuestro templo, a nuestro interior?
La respuesta a todas estas preguntas es el amor. No hay adjetivo ni contradicción que gane contra el amor. El amor es la respuesta a toda pregunta que podamos tener. Jesús nos ama tanto que aborrece el pecado, pero ama al pecador y con el amor siempre se vence toda tentación. El amor nos hace superar toda adversidad y dudas. ¡El amor siempre puede más! Así como lo gritaba San Juan Pablo II a aquellos jóvenes chilenos.
Jesús viene a tu casa hoy, ¿qué tienes que ofrecerle? Un corazón dispuesto a amar y darse a los pobres, eso le ofreció Zaqueo. ¿Qué estamos dispuestos a ofrecerle al Señor?
Paz y Bien!
Amen