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Vida Catòlica diciembre 22, 2025

¿Qué es Dios para nosotros?

No hay mayor alabanza y adoración a nuestro Dios que aquella que viene desde lo más profundo de nuestra alma. Y no hay expresión más pura y bella que la que tuvo María Santísima el día que exclamó con gran fervor lo que su ser no podía contener más, pues, cargaba en su vientre al altísimo, Dios mismo hecho carne. Nunca había estado tan cerca de Dios y, como imaginar tales expresiones si lo que viene de dentro parte del mismo Logos, del mismo verbo. En su interior habitaba la misma Palabra que creó a ella misma y todo lo visible e invisible.

No puede un cuerpo contener tanto amor, solo María pudo; porque hombres justos han estado ante la presencia de Dios, como Isaías y se han quedado atónitos, Zacarías mudo, y otros hasta la cara han tenido que ocultar, pues para tal acontecimiento se necesitaba de un ser tan humilde, tan limpio, tan inmaculado. ¿Qué expresión nace de la mujer que llevaba en su vientre la vida misma? El Magnificat es como un big bang, una explosión, como cuando un feto no puede estar más dentro del seno de su madre. María estaba llena de amor y su cuerpo no pudo contenerlo más.

Mi alma glorifica la grandeza de mi Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador.

La plenitud del hombre es aquel que reconoce que no se pertenece a sí mismo, sino que solo hay un Rey y Señor en su vida. María no ha encontrado nada nuevo, si no, ha llegado a su plenitud. María ya vivía su eternidad en la tierra, por eso, siempre inmaculada, por eso fue Asunta y llevada al cielo.

El Magnificat es más que una declaración, es también una enseñanza, es un himno para nosotros que amamos a nuestra Madre. El Magnificat es como un manual dulce de instrucciones. La invitación más grande que nos hace nuestra Madre es: «Vaciarse para que more Dios». No hay grandeza más grande que aquel que se entrega y se hace menos y deja que Dios sea más.

¿Quién es nuestra esperanza? ¿En quién confiamos? Hoy es cuando debemos detenernos y meditar: ¿Es Dios nuestra plenitud, es Dios nuestra alegría? ¿Es Dios nuestro amparo? ¿Es Dios nuestra tristeza y nuestro gozo? ¿Qué es Dios para nosotros?

Despojémonos de todo lo que nos estorba. Presentémonos pobres ante el Señor, humildes de corazón y dejemos que sea Dios nuestro centro, que sea Dios nuestro alimento, que sea Dios todo para nosotros. No nos guardemos nada, así como nuestra Madre se olvidó de ella, para darse a su hijo, a Dios.

Paz y Bien,
Amén.

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