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Vida Catòlica noviembre 6, 2023

Obispo explica qué es el purgatorio, la “última oportunidad” para purificarse en el amor

En su carta semanal, Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba (España), resalta la necesidad de orar por los fallecidos y explica que el purgatorio es un proceso de purificación que elimina todas las impurezas del alma, convirtiéndolas en un amor de alta calidad. El obispo enfatiza que la Iglesia recuerda a los difuntos a diario, ya sea en la Eucaristía, en la liturgia de las horas o en diversas ocasiones de oración.

Mons. Demetrio subraya que los difuntos son aquellos que han concluido su jornada en la tierra y también aquellos que han fallecido en el Señor pero aún no han alcanzado su destino final, que es estar plenamente con Dios. Señala que el purgatorio es un estado en el que muchos hermanos y hermanas están siendo purificados por el fuego del amor antes de entrar completamente en la presencia de Dios.

El obispo explica que este proceso, aunque doloroso, es una experiencia bienaventurada, ya que los difuntos están más cerca de Dios. La Iglesia nos anima a crecer en el amor, transformando nuestro amor en algo completamente dedicado, lo que nos permitirá pasar directamente de este mundo al cielo cuando llegue nuestro momento final. Además, nos insta a ayudar a nuestros hermanos difuntos mediante nuestras oraciones y sacrificios, colaborando con Jesucristo, el único redentor que desea otorgarles la plenitud de la felicidad.

Mons. Demetrio Fernández señala que muchas personas han atravesado el purgatorio en la tierra, superando sus sufrimientos con amor y purificándose de todo pecado y egoísmo antes de unirse al Padre celestial. Esto nos inspira a enfrentar las dificultades y sufrimientos, ofreciéndolos en reparación por nuestros propios pecados y los del mundo entero. El purgatorio, según él, es como un proceso de purificación póstumo, una última oportunidad para limpiarnos en el amor antes de entrar en la presencia de Dios para siempre.

Finalmente, Mons. Demetrio enfatiza que los difuntos no solo nos recuerdan nuestro pasado compartido, sino que también nos llaman a una vida definitiva con Dios. Ellos ya viven eternamente con Dios y nos instan a vivir desde la tierra un amor cada vez más puro, preparándonos para nuestro encuentro final con Dios en el cielo.

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