Nuestra vida es nuestro mayor ofrecimiento
Amados hermanos, hoy quiero ponerme un poco escatológico e invitarles a tomarse un tiempo para pensar en lo siguiente: Han considerado y pensado, ¿cuánto tiempo les queda en este mundo? ¡Dios lo sabe! Dios tiene medido todos y cada uno de nuestros días, y sí, Dios es omnipotente, puede cambiar esos días por más o por menos, todo según su misericordia. Cada día que pasa es un acto de misericordia de Dios. ¿Han pensado alguna vez si nuestros días ya se debieron de haber acabado? Pero Dios, en su infinita misericordia, aún desea que estemos aquí porque no nos quiere perder, nos quiere ganar para el cielo.
Por eso, hoy, en el evangelio, tenemos que pensar y trasladar la situación del evangelio al día de hoy. Dios, cada día en su infinita misericordia sigue sanando enfermos, curando lisiados, etc. pero no quiere que estos se vayan con hambre y nos pregunta a nosotros: ¿Tienen algo para darles de comer? ¿Tenemos algo que dar de nosotros? ¿Tenemos algo que ofrecer al Señor para que nos cambie y nos multiplique? Aquí no hay que pensar en comida, en bebida y tampoco comodidades, aquí hay que pensar en servicio.
Dios nos sigue dando esa oportunidad cada día de cambiar y decirle: Aquí está mi oración, aquí están mis manos, aquí está mi voluntad, todo lo que tengo es tuyo Señor! Porque si fuéramos más conscientes de la misericordia que Dios tiene para con nosotros, ninguno estaría hoy sentado en su casa.
Yo los invito a vivir cada día como si fuera el último, pensemoslo así: Hoy es un regalo más de Dios, una oportunidad para demostrar mi amor, para orar, para dar algo a aquel que necesita, para pedir perdón. Hoy es una buena oportunidad para comenzar a luchar por nuestra conversión, si aún no hemos podido comenzar. Hermanos, nuestra conversión debe ser fecunda, ¿qué quiere decir esto? Que nuestra conversión debe de mirar hacia el cielo, hacia lo eterno, no hacia las vanidades y la prosperidad.
¡Para gloria de Jesucristo!
Paz y Bien,
Amén