Nuestra conversión es una fiesta en el cielo
Alabemos a Dios, nuestro Señor, porque su misericordia es infinita y su bondad es inagotable. Santo es Él y suyos son los mares, los cielos y la tierra, porque todo fue creado por Él y para Él. Somos suyos, en vida o muerte, somos eternamente de Él y nuestras vidas le pertenecen incluso, siendo pecadores y corruptos ante Él. Ni uno de nosotros, ni el más noble de las criaturas en esta tierra, es digno de su presencia, pero Dios nos redime con su amor y nos viste con su verdad. Por eso tenemos vida y vida en abundancia, gracias a su misericordia.
Las alabanzas a nuestro Dios, hermanos míos, son las respuestas de un corazón agradecido, porque con Dios, nunca podremos estar saldados, puesto que todo le pertenece a Él. Incluso la más bella alabanza de parte nuestra le pertenece, porque salen de nuestro corazón, y todo lo que sale de nuestro corazón es fruto del Espíritu que Él mismo nos ha dado.
Hoy, el evangelio nos da una noticia de alegría, nos dice que hay más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos. También, el evangelio nos dice que: «Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente«.
Esto, hermanos, es un aliento de esperanza, es un grito de misericordia de parte de Dios para con nosotros. Dios nos invita a dejarnos encontrar, a dejarnos alcanzar por la misericordia de Dios, porque el cielo y la tierra se alegrarán por nosotros, por nuestros hermanos, porque el Señor desea que todos nos salvemos y todos lleguemos al conocimiento de la Verdad.
Jesús nos dice hoy: «Tu pecado no me importa, tu pasado no me importa; me importa tu presente, me importa tu futuro, y lo que más deseo que hoy estés conmigo en el paraíso». Hermanos, es importante aclarar algo, Jesús nos invita a convertirnos, y convertirse significa: ser una criatura nueva en Cristo. Siempre vamos a ser pecadores, sí, pero con el deseo en el corazón de dejar de serlo. ¿Cómo vamos a dejar de serlo? ¡Siendo un Cristo! El que me siga, no andará en tinieblas (Jn 8, 12). Son palabras de Cristo, que nos exhortan a imitar su vida y sus ejemplos, si queremos ser verdaderamente iluminados y liberados de toda ceguera interior. Por eso, nuestra máxima preocupación debe ser meditar la vida de Jesucristo.
Vivamos ocupados en los asuntos de Cristo, y no nos dará tiempo de pecar
Pidamosle a Dios la gracia de la conversión, sabiendo que la conversión más que un milagro que toma toda la vida, inica el día que aceptamos a Cristo como nuestro Señor, y termina hasta el última día de nuestras vidas en esta tierra, esperando y deseando que con Él, seremos eternos, gozando y alabandole por siempre en su eterna gloria.
¡A Dios, toda honra, gloria y loor!
Amén