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Vida Catòlica noviembre 21, 2025

Mi casa es casa de oración

Aquel día, Jesús entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban allí, diciéndoles: “Está escrito: Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”.

Este pasaje, amados hermanos, este versículo, tiene un significado no solo literal, refiriéndose al templo físico, al templo de Jerusalén. Pero también tiene un significado dentro del plano espiritual.

No es nuevo saber que los apóstoles se dieron cuenta de que Jesús en muchas ocasiones se refería al templo de nuestro cuerpo, es decir, nuestro cuerpo es un templo del Espíritu. Dios es capaz de derribar nuestra casa y construirla en menos de tres días.

Bueno, el Señor, hoy nos exhorta: «Mi casa es casa de oración«. ¿Cuál es la casa del Señor? ¡Nuestro cuerpo! Nosotros componemos un hogar del Señor, y nos lo deja claro: «Mi casa es casa de oración«. Sin embargo, nosotros nos empeñamos en dejar entrar el pecado, la avaricia, la arrogancia, la soberbia. Nuestro templo está lleno de vendedores ambulantes que profanan el templo de Dios.

No convirtamos más nuestro templo en un templo profanado. Cuidémoslo, amemoslo, hagamos de nuestro cuerpo un templo digno del Espíritu que aguarda y espera unirse a nuestro Dios en su plenitud.

Un templo se limpia diario, se sacude, se reviste. Nosotros tenemos que hacerlo con la oración, con la lectura bíblica, con las buenas acciones, las obras de caridad, el amor, la eucaristía. Dios nos invita a convertir nuestro templo en lo que es, una casa de oración, para que Jesús habite dentro de nosotros y nos volvamos templo sagrado del eterno Dios.

Paz y Bien!
Amen

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