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Vida Catòlica octubre 11, 2025

La Verdadera Felicidad

Mis hermanos, las dos expresiones del evangelio de hoy nos llevan a nuestra madre del cielo. «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron», y «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica».

María hizo las dos, por eso es la llena gracia, la gracia plena, la bienaventurada. María fue escogida por Madre de nuestro Señor y todo, por su bienaventuranza, la de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica, porque escuchar la Palabra de Dios no siempre, necesariamente, va a ser igual a ponerla en práctica.

Escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica es un acto de obediencia. Cuando nuestros padres terrenales nos daban o dan una orden, nosotros cumplíamos aunque muchas veces en contra de nuestra voluntad, pero lo hacíamos. Bueno, Jesús nos invita a poner en práctica lo mismo, a escuchar la Palabra y cumplirla. No se trata solo de escuchar.

María, al recibir al Arcángel Gabriel, fue asombrada por tal eventualidad, pero su respuesta fue: Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según su Palabra. Hermanos, sobre todo, hermanas, coloquense en la posición de nuestra madre. ¿A ustedes, no les parecería ilógico aceptar un mandato como el que recibió María?

En el contexto del día de hoy, imagínense si estuvieran comprometidas y Dios les manda un ángel con tal noticia. ¿No les parecería contradictorio? Bueno, es hasta aquí donde nuestra limitante, nuestra humanidad, nuestra imperfección llega. Y el peor error que podemos cometer es decidir nosotros, bajo nuestros criterios, qué es bueno o qué es malo. Nosotros, hermanos, no estamos para eso, porque ¿qué es el hombre para saber si algo es bueno o malo? ¡Es eso lo que nos condena! El creernos como dioses, de saber que es bueno y que es malo.

¿De dónde viene la sabiduría? ¿Cómo sabremos si algo es bueno o es malo? ¡De la Palabra del Señor! ¿Por qué voy a temer si estoy confiando en el Señor? ¡Esto es verdadera felicidad! Saber y tener la fe en la Palabra de Dios, la esperanza de que no nos va a abandonar y el amor para responder a su llamado con obediencia.

Aprendamos mis hermanos de María Nuestra Madre a ser cristianos e hijos de Dios de bienaventuranzas, a ser esclavos y escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Amemos a nuestro prójimo, al más necesitado, hagamos que nuestras acciones sean perfume agradable ante la presencia de nuestro Señor. No calculemos más, abandonemos a la providencia de nuestro Señor, y veremos qué grande es nuestro Dios.

¡Que tengan un lindo día!

Amén

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