La verdad es nuestro evangelio, la cruz nuestro destino.
El evangelio de Cristo no es el evangelio de la prosperidad. Es absurdo creer que el evangelio que Cristo vino a anunciar a nosotros está relacionado con abundancias, comodidades y alegrías terrenales. A menudo me encuentro con publicaciones en las redes sociales donde personas que tienen su negocio, y les está yendo bien, súper bien, económicamente hablando, se llenan las palabras diciendo: «Gracias a Dios por todas estas bendiciones». De hecho, muy a menudo, caemos en la tentación de creer que Dios nos va a librar de toda crisis económica, o de toda crisis emocional y que todo va a ser simplemente «fácil». La prosperidad es el mejor látigo del esclavo.
Eso, hermanos, no es el evangelio de Cristo. El evangelio de Cristo no es el evangelio de la prosperidad. El evangelio de Cristo es el evangelio de la verdad y la verdad le incomoda a este mundo. La verdad siempre nos pondrá en aprieto y por eso muchos huimos de ella. ¿A quién le gusta que le digan la verdad? La verdad, la mayoría de las veces no va alineada con nuestros deseos. Muchas veces, cuando miramos y no aceptamos que la verdad no va alineada con el éxito económico, la prosperidad y la estabilidad emocional, hasta nos alejamos del evangelio, incluso hasta nos vamos a otra fe.
El evangelio de Cristo es el de la persecución, es el de la cárcel. El evangelio de Cristo es el que duele, el que golpea. Porque también, cuando abrazamos el evangelio de Cristo con todas nuestras fuerzas, nos damos cuenta de que tenemos un ego más alto que nuestra propia estatura. La verdad siempre nos va a sacar de nuestra zona de confort. El evangelio de la Verdad nos llama a ser hijos de la luz y los hijos de la luz no caminan en tinieblas, los hijos de la luz no tienen miedo de hacer sus actos a la luz de todos, mientras el que anda en las tinieblas, espera la noche, busca el aislamiento, la oscuridad, porque sabe que sus actos no son lícitos.
Cristo nos vino a redimir del pecado y a darnos vida, pero vida en abundancia. Cristo ha venido a prepararnos para el camino que nos conduce a la vida eterna. Cristo no ha venido para que estemos cómodos, sino cada día estar más limpios para el cielo, más justos para el cielo.
No nos confundamos hermanos, seguir a Cristo, sin una cruz, no nos hace discípulos de Él. Seguir a Cristo sin una cruz es simplemente un amuleto de la buena suerte. Seguir a Cristo es vencerse a sí mismo, es olvidarse de sí, es saber que tenemos que perder la vida por ganarlo a Él. Quien conoce a Cristo sabe, que la tierra no es mas que un estorbo para estar únido a Él. Vivo por vivir, porque tan alta vida espero, que muero porque no muero, así lo decía Santa Teresa del Niño Jesús.
Paz y Bien!
Amén