La riqueza no la define el dinero, sino el amor.
Hermanos, si le prestamos atención al evangelista San Lucas, siempre trata de enfatizar lo importante que es desprenderse de lo material. San Lucas trata de exponer la importancia que tienen los pobres y la importancia de ser un pobre más ante los ojos de Dios.
Recuerdo que hace no más de un mes, iba conversando con una persona y me decía que tuvieron que cambiar de parroquia, porque a sus hijos no les gustaba la forma en que el sacerdote se refería a las riquezas y como Dios tiene una gran cercanía a los pobres. Hermanos, y es que ahí es donde radica el problema, porque las personas que me comentaban esto no eran personas necesariamente adineradas o ricas (mundanamente hablando), pero sí, no conciben la idea de la pobreza. Lo cual es peor aún, cuando queremos cerrar filas con la verdad y ese, es el verdadero rico para Dios. Porque hay personas que no tienen dinero, pero para Dios no son pobres.
Para explicar mejor esto, San Lucas nos muestra hoy algo tan sencillo como el darse por completo. Aquí vemos que Jesús no mide cantidad, sino por cuanto tienes. Y esto, hermanos, no necesariamente tiene que tratarse de dinero, sino también de amor y misericordia.
La lógica que el mundo tiene para el amor es la lógica del cálculo. El mundo te manda a calcular lo que vas a dar porque lo que el mundo te da es limitado. Es como el fariseo que tiene 5 monedas de amor y solo puede darte 2 monedas, porque no puede quedarse sin nada. Así es el mundo con el amor. No te invita a darte por completo, porque tienes que quedarte con una cuota de amor propio, sino, ¿cuánto vales tú? ¿Quién te valolará? ¡Quierete a ti mismo! Dice el mundo. Esto pasa, esto suele pasar en todo, tanto en el amor, como en lo económico, y es que todo va relacionado. El mundo solo te da porciones, porque no puede dártelo todo, y no puede dártelo, porque simplemente no lo tiene.
En cambio, Cristo no te ofrece migajas; Cristo te ofrece todo, te lo da todo. Cristo lo dio todo por ti, en la cruz. Cristo nos dice: Quien tome de esta agua jamás tendrá sed. Por eso, cuando se toma del agua que Cristo nos da, no nos da miedo en darnos por completos, porque aunque nos vaciemos, Dios nos llena inmediatamente, no hay manera de quedarnos vacíos. Entre más nos vaciemos, más nos llena. Pero esto tiene un costo, y el único costo es el vencerse a sí mismo. «El que quiera tomar mi cruz, que se niegue a sí mismo».
Aquella viuda, para los ojos del mundo, dio poco, pero para Dios, lo dio todo. Procuremos, amados hermanos, dejar de pensar en la lógica del mundo. Más bien, simplemente déjemonos llenar por el amor de Dios, venciéndonos a nosotros mismos y dándonos al pobre, al necesitado, al abandonado. Renunciemos cualquier deseo de gloria que venga de este mundo y que solamente nos importe lo que Dios piense de nosotros, que con eso, nos basta.
Paz y Bien!
Amen