Skip to main content
Vida Catòlica octubre 15, 2025

La Palabra de Dios es para nosotros, no para el prójimo.

El día de hoy leemos y recordamos en el evangelio esas palabras «duras» de Jesús hacia los escribas, fariseos y doctores de la ley. Y digo «duras» porque en la sociedad, cuando se habla con la verdad más bien, suenan a ofensas, de hecho, el doctor de la ley se ofende: «Maestro, al hablar así nos insultas también a nosotros».

Para interiorizar más el evangelio de hoy es necesario entender que a los que Jesús se dirigía eran los que se encargaban de enseñar la ley a la comunidad judía. Es decir, eran personas que conocían muy bien las escrituras, bueno, la conocían pero no la comprendían. No había amor, caridad ni fe en sus actos. Entonces, mis hermanos, la primera pregunta para nosotros es: ¿de qué lado estamos? Jesús es claro para con esas personas, las identifica y conoce muy bien.

También, en la carta de San Pablo a los Romanos, advierte:

No tienes disculpa tú, quienquiera que seas, que te constituyes en juez de los demás, pues al condenarlos, te condenas a ti mismo, ya que tú haces las mismas cosas que condenas.

¡La exhortación es clara hoy! ¡La ley es para quienes la conocen! Mis hermanos, ayudados del Espíritu Santo y de nuestra Madre Santísima, pidámosle hoy y todos los días de nuestras vidas a no caer en la tentación de usar la Palabra para señalar al otro. El rol de juez ya está dado y no nos corresponde a ninguno de nosotros.

Pídamos al Señor que la Palabra penetre lo más profundo de nuestro corazón y nos ayude a cambiar a nosotros, porque al único que tenemos que cambiar nosotros es a nosotros mismos, puesto que, al dejarnos cambiar por la Palabra, el Espíritu Santo obrará en nosotros y será nuestro testimonio, será lo que Dios hace en nosotros, lo que hará cambiar a nuestro prójimo.

Seamos un templo del Espíritu Santo, hagamos de nuestro cuerpo ese templo donde nuestros hermanos puedan encontrar las palabras que nacen de nuestro corazón, porque ahí, en el corazón, es donde habita nuestro Señor. Seamos frutos de la Palabra, demos frutos de una verdadera conversión.

¡Toda honra y gloria son únicamente para nuestro Dios!

Amén

Si te gustó, por favor comparte!

Etiquetas