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Vida Catòlica junio 27, 2023

La oración de San Carlos de Foucauld para pedir la protección del Perpetuo Socorro

Cada 27 de junio se celebra la festividad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una devoción mariana que era muy querida por San Carlos (Charles) de Foucauld. Este santo realizó una reflexión conmovedora sobre esta advocación y compuso una oración para solicitar su protección.

Después de pasar varios años alejado de la fe, San Carlos, quien vivió entre 1858 y 1916, se convirtió y pasó por la experiencia de los Trapenses. En un acto radical, abandonó todo y emprendió un viaje a pie hasta Tierra Santa. Allí, en Nazaret, permaneció durante aproximadamente tres años, recibiendo ayuda del convento de las clarisas. Durante su estadía, se desempeñaba como jardinero y creaba objetos para los peregrinos.

De acuerdo con la «Familia espiritual Charles de Foucauld», en una meditación realizada el 30 de junio de 1897, este santo ermitaño reflexionó en Nazaret sobre la Visitación de María, resaltando que en este misterio la Virgen nos enseña a iluminar, consolar y cuidar.

En este contexto, San Carlos hizo una petición a la «Madre del Perpetuo Socorro»: que le concediera la gracia de «emplear su existencia de tal manera que pudiera hacer el mayor bien posible a Jesús, glorificándolo tanto como fuera posible y permitiendo que Él hiciera con él lo que deseara».

Por otro lado, según los Misioneros Redentoristas, quienes han sido históricamente difusores de la devoción mariana del Perpetuo Socorro, San Carlos compuso una oración en la que se consagró a esta advocación.

En el texto de la oración, el santo sacerdote recuerda cómo la Virgen lo ha socorrido y guiado, y como un niño, le pide su protección y compartir su amor eternamente.

A continuación, se presenta la oración escrita por San Carlos de Foucauld:

«Mi querida Madre, Madre del Perpetuo Socorro: A ti, a quien he confiado y consagrado mi vida hace ya algunos años, y que tan generosamente me has socorrido, tan fielmente me has guardado y guiado, mi querida Madre, abrázame junto a ti. Me entrego en tus manos como un pequeño. Me abandono a ti como un niño en tus brazos. ¡Protégeme, guarda mi corazón! Haz que en esta noche, en este día y siempre, yo y todos aquellos que Jesús quiere ver cerca de sí, podamos compartir incesantemente tu amor, tu mirada, tu adoración a nuestro Señor».

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