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Vida Catòlica enero 30, 2026

La gracia no es fruto de nuestro esfuerzo

¿Cuántas veces hemos caído en la tentación de querer mover masas? ¿Cuántas veces hemos querido tanto hacer todo por Dios, pero parece que no hay resultados? ¿Acaso Dios no está de nuestro lado? ¿Cuántas veces hemos deseado cambiar tantas cosas en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en nuestro hogar, en nuestras vidas? Hemos querido hacer tanto, pero no hemos hecho nada. Hemos querido progresar en nuestra fe, en nuestra relación con Dios, pero parece que del mismo lugar no avanzamos. A la larga hasta nos frustramos.

El evangelio de hoy nos enseña que el camino de la soberbia, el camino del yo quiero, del «necesitamos» o «necesito» hacer esto, o lo otro. No es el camino correcto. Jesús nos dice claramente: «El Reino de Dios se parece a una semilla, a un grano de mostaza». Y comenzando aquí, tenemos que meditar, que Jesús usa algo pequeño, algo insignificante y frágil, como el inicio de un Reino tan grande e infinito. Parece que Jesús desecha el camino del «Yo quiero», y nos presenta el camino que nos enseñaba San Juan el Bautista, el de «Es necesario que yo disminuya, para que Él crezca».

Parece que lo más difícil es eso, el primer paso, el hacernos pequeños como un grano de mostaza y luego, dejar que el Espíritu obre en nosotros. Amados hermanos, la gracia del Señor no es fruto de nuestro esfuerzo, es algo gratuito, algo que Dios da. No nos esforcemos en querer hacer lo uno o lo otro. No hermanos, procuremos ser semilla, dócil, liviano, manejable. Seamos dóciles al manejo del Espíritu, seamos ligeros a la gracia. Dios nos quiere libres del pecado, de la soberbia, de la arrogancia, del «Yo quiero».

Vaciarnos y dejarnos llenar por el Espíritu es lo que más desea Dios para que el Reino venga a nosotros. Cuando esto ocurre, los resultados son imaginables, pero nosotros no nos veremos a nosotros, veremos, más bien, al Reino de Dios instaurado en nuestras vidas. Los Santos son el mejor ejemplo de esto. Se vaciaron, se olvidaron de sí, tomaron su cruz y supieron ser esa semilla que Dios supo poner en esa tierra fértil para que hoy sean ese Reino eterno, porque incluso hasta el día de hoy, luego de que muchos ya hayan partido de este mundo, aún siguen siendo luz para nosotros.

¡Paz y Bien!

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