La Esperanza es una roca ante la adversidad.
La mayor enseñanza del evangelio del día de hoy es la esperanza. Una de las virtudes teologales que sostienen nuestra vida cristiana y nos acercan cada vez más a Dios. Hoy vemos la esperanza desde dos dimensiones. La de Simeón, un hombre justo y temeroso de Dios, y María, mujer justa, virgen y Santa.
Simeón depositó su esperanza en la promesa de Dios para con su vida personal: «No morirás sin ver al Mesías», y motivado por el Espíritu Santo, reconoce al Mesías incluso antes de su ministerio. «Ya puedes dejar morir en paz a tu siervo», fueron las primeras palabras que describen el evangelista San Lucas. Esta expresión contiene más de lo que podemos imaginar. Esta expresión resalta la alegría del corazón que es consolado solo por Dios. Vives por Dios, vives para Dios y puedes ahora tocarlo y alabarle en persona. Para Simeón, tomar a Jesús y levantarlo en lo alto es una promesa cumplida, y solo aquel que tiene depositada su esperanza en el Señor sabe esperar.
Por otro lado, tenemos una frase clave de Simeón a María: «Una espada atravesará tu corazón». Parece que esta expresión, antes que alentadora o alagadora, es más intimidante. ¿Quién de ustedes no se alarmaría ante tal expresión? Se alarma el que no confía en la Palabra del Señor. Tanto Simeón como María (incluso José, porque el San Lucas describe que estaba presente en el pasaje), eran personas justas que conocían la Palabra y saben lo que padecerá el Hijo de Dios. María sabía cada momento cómo terminaría esta historia, porque estaba dicho por boca de los profetas. Sin embargo, existe algo más grande que el miedo, y es la esperanza, saber que Dios está por encima de nuestros miedos, de nuestros dolores, de todas nuestras preocupaciones. María guardaba todo en su corazón y supo ser de Jesús, el verbo encarnado, la primera discípula. Esta vez no leyendo la Palabra, sino viviéndola.
Dichosos los que en el Señor ponen su esperanza, como lo hicieron Simeón, María, José y todos los santos, que no han fijado sus ojos en los placeres de este mundo sino en la promesa de un Dios vivo que vino a redimirnos, a rescatarnos de la muerte y ponernos en una posición ventajosa, la de ser verdaderos hijos de Dios.
Nuestra historia puede estar llena de muchas adversidades, de muchos problemas, de muchas contradicciones. Pero dichoso aquel que no se deja perturbar por estos momentos de desesperanza. Dichoso aquel que pone toda su confianza en el Señor, porque será como aquel hombre prudente que construye su casa sobre una roca firme. Vendrán las pruebas, las tribulaciones, pero sabe abrazar la cruz con amor, paciencia, humildad, pero por sobre todo, con esperanza. La esperanza es una roca ante la adversidad. Sepamos pues, pedir a nuestra Madre Santísima que ruegue por nosotros siempre y que la gracia de Dios pueda llenarnos sobre todo de esperanza.
Paz y Bien,
Amén.
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