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Vida Catòlica octubre 1, 2025

¡Jesús nos quiere libres!

Amados hermanos, Jesús hoy nos habla claramente de un valor muy importante que es el despojo.

En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola nos recuerda que fuimos creados para Amar y Adorar a Dios, y que todo lo creado está a nuestra disposición de este mismo fin. Por ende, todo y cada una de las cosas que tenemos a nuestra disposición, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros bienes, etc. Son para el fin que estamos aquí, ¡ser Santos!

Jesús nos dice hoy en el Santo Evangelio: «El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios»

Ahí podemos encapsularlo. ¡El Reino de Dios es para los que desean ser verdaderamente libres! No puedes pensar en seguir a Cristo y pensar en lo que tienes que dejar o cambiar. No puedes seguir a Cristo y seguir pensando en tus deseos pasionales.

Jesús nos presenta hoy a tres personajes sin nombre que parecen que querían seguirle pero que tenían ciertas dependencias de sus familiares o comodidades. Pero Jesús fue claro con ellos y es claro con nosotros hoy también. No se puede seguir a Jesús si no somos capaces de liberarnos de nuestras ataduras. No podemos cargar con tanto, tenemos que hacer nuestra carga ligera.

No caigamos en la tentación de los judíos cuando pasaron en el desierto. Ellos deseaban estar en Egipto, porque ahí no pasaban hambre.

Pero Jesús hoy no maquilla nada, lo dice claramente: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza».

¡Jesús nos quiere libres! Jesús no quiere que a mitad de camino miremos atrás y deseemos estar en Egipto, comiendo carne, sin importar si somos esclavos, pero comiendo carne. Jesús no quiere que a la primera incomodidad deseemos estar nuevamente en nuestras comodidades, cuando el pecado nos dejaba hacer todo.

Amados hermanos, si miramos hacia atrás y no hacia Cristo, una vez aceptado su llamado, la cruz dejará de ser cruz y lo que tendremos en nuestros hombres va a ser un costal bien pesado. Jesús nos pide seguirle con su cruz, y su cruz más que una carga, es una bendición que prepara y alimenta nuestra alma, para lo eterno. No temamos a lo que mata el cuerpo, sino al alma.

¡Dios los bendiga!

Amén

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