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Vida Catòlica julio 2, 2024

Hoy se celebra a San Bernardino Realino

San Bernardino Realino nació en Carpi, en el ducado de Módena, el 1 de diciembre de 1530, en Italia. Su familia pertenecía a la nobleza local. Su padre, don Francisco Realino, un hombre destacado, ocupaba el cargo de caballerizo mayor en varias cortes italianas, lo que lo mantenía ausente de su hogar la mayor parte del tiempo. La educación del joven Bernardino fue confiada a su madre, Isabel Bellantini.

Recibió el bautismo durante la celebración de la fiesta de la Inmaculada Concepción, y se le pusieron los nombres de Bernardino Luis. El nombre Bernardino era un homenaje a San Bernardino de Siena, quien una vez fue huésped en la casa de la madre de Bernardino.

Se cuenta que Bernardino era un niño amable y sonriente con todos. Tuvo un cariño y una admiración extraordinarios hacia su querida madre durante toda su vida. Durante sus estudios, un compañero le preguntó: «Si tuvieras que elegir entre quedarte sin tu padre o sin tu madre, ¿a quién preferirías?» Bernardino respondió de inmediato: «Nunca a mi madre». Sin embargo, Dios pronto le pediría el sacrificio más grande.

Cuando él todavía era muy joven, su madre partió al cielo el 24 de noviembre. Su recuerdo le arrancaba lágrimas frecuentes de los ojos. Ella se lo había ganado con sus continuos cuidados y, sobre todo, por haberle inculcado una tierna devoción a la Virgen María.

En Carpi, Bernardino comenzó sus estudios de literatura clásica bajo la guía de maestros competentes. «En términos de aprovechamiento», escribió el Santo, «si bien no superé a mis compañeros, tampoco permití que ninguno me superara». Luego de Carpi, pasó a Módena y posteriormente a Bolonia, una de las universidades más prestigiosas de su época, donde estudió filosofía.

En Bolonia, completó sus estudios de filosofía y se preparó para seguir una carrera en medicina. Era un estudiante alegre y amigo de sus compañeros. Sin embargo, más tarde lamentaría haber perdido mucho tiempo con algunos de sus compañeros, con quienes se relacionaba demasiado familiarmente.

En resumen, Bernardino era un joven común. Escribía poesía, llevaba un diario íntimo como muchos otros y se enamoró de una joven culta y piadosa, como cualquier estudiante del siglo XX. Describe a esta joven diciendo: «Después de haberme adentrado por un camino tan resbaladizo, el ángel del Señor me amonestó por mis errores y, apartándome de las puertas del infierno, me puso nuevamente en el camino del cielo».

¿Quién era este «ángel del cielo»?

Un día, mientras estaba en una iglesia, vio a una joven y quedó cautivado por ella. La amó con un amor maravilloso, «hasta el punto de poner toda mi felicidad en cumplir sus menores deseos. No obedecerla me parecía un delito, ya que todo lo que tenía y todo lo que era se lo debía a ella». Esta. Bernardino Luis Realino nació en Carpi, en el ducado de Módena, el 1 de diciembre de 1530, en Italia. La familia a la que pertenecía estaba vinculada a la nobleza local. Su padre, don Francisco Realino, era un hombre destacado que ocupó el cargo de caballerizo mayor en varias cortes italianas, lo que lo mantenía alejado de su hogar la mayor parte del tiempo. Debido a esto, la educación de Bernardino fue encomendada a su madre, Isabel Bellantini.

El día de la Inmaculada Concepción fue bautizado con los nombres de Bernardino Luis. La elección del nombre Bernardino fue en honor a San Bernardino de Siena, quien había sido huésped de la familia de su madre en alguna ocasión.

Según cuentan, Bernardino era un niño siempre amigable y sonriente con todos. A lo largo de su vida, profesó un amor y veneración extraordinarios hacia su querida madre. Durante sus estudios, un compañero le planteó la siguiente pregunta: «Si tuvieras que elegir entre perder a tu padre o a tu madre, ¿a quién preferirías?» Bernardino respondió rápidamente: «Jamás a mi madre». Sin embargo, Dios pronto le pediría el sacrificio más grande.

Cuando aún era muy joven, Bernardino perdió a su madre, quien partió al cielo el 24 de noviembre. El recuerdo de ella le provocaba lágrimas en los ojos con frecuencia. Ella se lo había ganado con sus constantes sacrificios y, sobre todo, al inculcarle una tierna devoción a la Virgen María.

En Carpi, el joven Bernardino inició sus estudios de literatura clásica bajo la guía de maestros competentes. Según el mismo Santo escribe, «en términos de aprovechamiento, si bien no superó a sus compañeros de estudio, tampoco fue superado por ninguno de ellos». Luego de su paso por Carpi, continuó sus estudios en Módena y posteriormente en Bolonia, una de las universidades más destacadas de su época, donde se especializó en filosofía.

En Bolonia, finalizó sus estudios de filosofía y se preparó para seguir una carrera en medicina. Durante su tiempo como estudiante, fue jovial y amigo de sus compañeros. Sin embargo, más tarde lamentaría «haber perdido mucho tiempo con algunos de sus compañeros, con quienes tenía una relación demasiado familiar».

En resumen, Bernardino era un chico común y corriente. Escribía poesía, llevaba un diario personal como muchos otros y se enamoró de una joven culta y piadosa, como cualquier estudiante universitario del siglo XX. Sobre ella, cuenta lo siguiente:

«Al haberme adentrado en ese peligroso camino, el ángel del Señor vino a reprender mis errores y, apartándome de las puertas del infierno, me guió nuevamente por el camino del cielo».

¿Quién era este «ángel del cielo»?

Un día, mientras se encontraba en una iglesia, Bernardino vio a una joven y quedó cautivado por ella. La amó con un amor extraordinario, «hasta el punto de encontrar toda mi felicidad en cumplir sus más profundas expectativas». Sin embargo, esta joven, a quien Bernardino llama el «ángel del cielo», no era otra que la Virgen María.

La experiencia de Bernardino fue transformadora. A partir de ese momento, su vida tomó un rumbo completamente diferente. Abandonó sus planes de seguir una carrera en medicina y decidió consagrarse por completo a Dios. Ingresó a la Compañía de Jesús, una orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola, conocida como los jesuitas.

Bernardino se dedicó con fervor a la vida religiosa. Fue ordenado sacerdote en 1567 y comenzó a ejercer su ministerio en varias ciudades italianas, donde se destacó por su predicación apasionada y su amor por los pobres y necesitados. Era conocido por su humildad y su deseo de servir a los demás.

A lo largo de su vida, Bernardino Luis Realino tuvo numerosas experiencias espirituales y se le atribuyeron varios milagros. Fue un defensor incansable de la fe católica y participó activamente en la Contrarreforma, un movimiento de renovación y reforma dentro de la Iglesia Católica en respuesta a la Reforma Protestante.

Además de su labor pastoral, Bernardino también se destacó como escritor. Escribió varios tratados y libros espirituales, en los que abordaba temas como la devoción a la Virgen María, la importancia de la oración y la humildad, entre otros.

Bernardino Luis Realino falleció el 2 de julio de 1616 en Lecce, Italia, a la edad de 85 años. Fue canonizado como santo por el papa Benedicto XIV en 1947. Su fiesta se celebra el 2 de julio, fecha en la que se conmemora su vida y ejemplo de santidad.

La vida de Bernardino Luis Realino es un testimonio de entrega total a Dios y de amor incondicional hacia los demás. Su devoción a la Virgen María y su servicio a los más necesitados son un ejemplo para todos los creyentes. A través de su vida y santidad, sigue inspirando a las personas a buscar a Dios y a vivir una vida de amor y servicio hacia los demás.

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