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Vida Catòlica junio 7, 2024

Hoy recordamos a la Beata Ana de San Bartolomé, continuadora de la obra de Santa Teresa de Jesús

La Beata Ana de San Bartolomé, cuyo nombre original era Ana García Manzanas, fue una monja carmelita y continuadora de la obra de Santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas. Nació el 1 de octubre de 1549 en Almendral de la Cañada, cerca de Ávila, España, y falleció el 7 de junio de 1626 en Amberes, Bélgica. Su vida y legado han dejado una huella profunda en la espiritualidad carmelita y en la historia del catolicismo.

Primeros años y vocación

Ana García Manzanas nació en una familia campesina y desde joven mostró una profunda devoción religiosa. A pesar de las dificultades económicas, sintió el llamado a la vida contemplativa. En 1572, se unió a las Carmelitas Descalzas en Ávila, adoptando el nombre de Ana de San Bartolomé. Poco después, tuvo la oportunidad de conocer a Santa Teresa de Jesús, quien rápidamente reconoció su fervor y dedicación.

Colaboración con Santa Teresa

Ana se convirtió en una de las confidentes más cercanas y colaboradoras de Santa Teresa. A pesar de ser una hermana lega, lo que significaba que no era una monja corista (aquellas que recitaban el oficio divino), su cercanía con Santa Teresa le permitió participar activamente en la expansión y consolidación de la reforma carmelita. Ana acompañó a Santa Teresa en varios de sus viajes de fundación y fue testigo de los últimos años de su vida, permaneciendo a su lado hasta su muerte en 1582.

Labor después de la muerte de Santa Teresa

Después de la muerte de Santa Teresa, Ana de San Bartolomé se dedicó a preservar y promover la obra de su mentora. Viajó extensamente por España y Europa, fundando varios conventos carmelitas descalzos y difundiendo la espiritualidad teresiana. Entre sus fundaciones más destacadas están los conventos en Francia y los Países Bajos, donde su influencia fue particularmente fuerte.

Escritos y experiencias místicas

Ana de San Bartolomé también fue una escritora prolífica. Sus escritos incluyen cartas, autobiografías y relatos de sus experiencias místicas, que proporcionan una visión profunda de su vida espiritual y su compromiso con la vida religiosa. Sus textos son un testimonio de su profunda fe, su amor a Dios y su devoción a la obra de Santa Teresa. Estos escritos han sido valiosos no solo para los estudiosos de la espiritualidad carmelita, sino también para aquellos interesados en la mística cristiana.

Beatificación y legado

En reconocimiento a su santidad y labor, Ana de San Bartolomé fue beatificada por el Papa Pío IX el 6 de mayo de 1917. Su festividad se celebra el 7 de junio, día de su fallecimiento. La beatificación fue un reconocimiento a su vida de virtudes heroicas y a su papel crucial en la difusión del carisma carmelita.

Importancia en la espiritualidad carmelita

La vida y obra de Ana de San Bartolomé son un testimonio del legado espiritual de Santa Teresa de Jesús y de la importancia de su obra en la historia del catolicismo. Su devoción y dedicación a la vida religiosa continúan siendo recordadas y celebradas hasta el día de hoy. Su influencia se extiende más allá de las fronteras de España, y su figura es venerada en muchos países, especialmente en aquellos donde fundó conventos.

Últimos años y muerte

Ana pasó los últimos años de su vida en los Países Bajos, donde continuó su labor de fundación y dirección espiritual hasta su muerte en Amberes en 1626. Su sepulcro se convirtió en un lugar de peregrinación y su memoria sigue viva en la comunidad carmelita y entre los fieles que buscan su intercesión.

Conclusión

La Beata Ana de San Bartolomé es recordada como una figura clave en la expansión y consolidación de la Reforma Carmelita. Su vida de santidad, su compromiso con la educación espiritual y su papel como escritora y mística han dejado un legado duradero. Su ejemplo sigue inspirando a quienes buscan una vida de profunda espiritualidad y servicio a Dios y a los demás.

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