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Vida Catòlica abril 28, 2023

Hoy es la fiesta de Santa Gianna Beretta, la madre que sacrificó su vida por su bebé

Cada 28 de abril la Iglesia Católica celebra a Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962), esposa, madre de familia y médico. Ella entregó su vida para salvar al bebe que llevaba en el vientre. El Papa San Pablo VI la describió con estas palabras: “Una madre que, para dar a luz a su bebé, sacrificó la suya propia en una inmolación deliberada».

Santa Gianna es considerada “patrona de las madres, de los médicos y de los niños por nacer”. También lo es de las mujeres embarazadas, de las mujeres que padecen cáncer uterino y mamario.

El encuentro con Dios y con María

Gianna Beretta nació en 1922 en Magenta, localidad ubicada en Milán, Italia. Desde pequeña, acompañaba a su madre a Misa todos los días. A los 15 años asistió a un retiro espiritual ignaciano que dejaría una profunda huella en su alma. Gianna decidió caminar siempre al lado de Dios y esforzarse por alcanzar la santidad. En aquel retiro tomaría como resolución vivir bajo la siguiente máxima: “Mil veces morir antes que cometer un pecado mortal”.

Sus días transcurrieron entre el hogar, la escuela, la belleza de los prados de Lombardía y el servicio a la Iglesia. Gianna fue muy devota de la Virgen María, tanto, que poco antes de morir sus palabras estuvieron dirigidas a la Madre de Dios, “su Madre”: “Confío en vos, dulce Madre, y tengo la certeza de que nunca me abandonaréis”.

La joven italiana constantemente hacía referencia a la Virgen en su apostolado. Así, de manera casi imperceptible, las huellas de su amor filial quedarían profundamente grabadas en la memoria de muchas personas. Y es que Gianna tenía siempre cerca a María, sea en el hogar, sea en los encuentros con otras jóvenes de la Acción Católica, o en las cartas que escribía a Pietro, su futuro esposo.

Llamada al servicio como mujer casada

A Gianna la caracterizó siempre su vocación de servicio. Expresión de ello fue su ingreso a la escuela de medicina -fue pediatra-. Estaba convencida de que a través de la ciencia y el amor al prójimo, a ejemplo de Cristo, se podía obrar un bien inmensurable.

Con alegría, una vez que se graduó, daba gracias a Dios por haber podido realizar uno de sus más grandes sueños: atender a los que carecen de lo indispensable, esos que con frecuencia no tienen dinero suficiente para costear un tratamiento médico.

Alguna vez habló sobre el sentido de su profesión: “No olvidemos que en el cuerpo de nuestro paciente existe un alma inmortal. Seamos honestos y médicos de fe”. En ese sentido, a diferencia de muchos otros médicos que han desnaturalizado el sentido de su disciplina, a Gianna le preocupaba por sobre todo defender la vida humana, protegerla. Sabía de la necesidad de alentar a las mujeres a que reciban con gratitud a sus hijos y a que rechacen la posibilidad del aborto.

Tras un proceso de discernimiento, entendió que el Señor le pedía formar una familia. Como Dios le había enviado un buen hombre, don Pietro Molla, decidió aceptar su propuesta y contraer matrimonio.

Ser madre: plenitud del amor

Gianna formó un hermoso hogar que floreció primero con tres hijos. Lamentablemente, al inicio del cuarto embarazo los médicos descubrieron un tumor en su útero, que la obligaba a someterse a una cirugía. La ubicación del tumor ponía en riesgo la vida de la bebé por nacer.

Entonces, los médicos le sugirieron que aborte y evite contratiempos futuros dejándose extirpar el útero en su totalidad. Sin embargo, Gianna rechazó la sugerencia y pidió a los doctores que se preocupen primero por la vida de la criatura.

La santa rechazó también someterse a la extirpación del fibroma que tenía, porque tal procedimiento conllevaba tan alto riesgo para su bebe que equivalía a dejarla morir. Trágicamente un procedimiento de esta naturaleza hoy calzaría “perfecto” dentro de lo que se denomina erróneamente como “aborto terapéutico”.

Gianna optó por concluir el embarazo a riesgo de su vida: “Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no duden; elijan -lo exijo- la suya. Sálvenlo”.

Dar la vida, no la muerte

Al final, los médicos la intervinieron y lograron salvar a la bebé. Gianna Beretta dio a luz a una bella niña el 21 de abril de 1962. Sin embargo, quedó muy débil después de la operación y sólo días después, el 28 de abril, murió repitiendo una y otra vez: “Jesús, te amo; Jesús, te amo”. Gianna tenía sólo 39 años de edad.

Gianna Beretta Molla fue beatificada el 24 de abril de 1994, por el Papa San Juan Pablo II. El mismo Pontífice la canonizó el 16 de mayo de 2004.

Fuente: aciprensa

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