Entre el asombro y la cruz: la tentación de la ignorancia voluntaria
Hoy, mis hermanos, vamos a hablar de un tema del que se predica demasiado poco. Se llama ignorancia voluntaria. Ignorancia voluntaria es lo que les sucedió a los apóstoles, según nos cuenta el evangelio de hoy.
Es decir, que Cristo les estaba hablando de su pasión, de lo que él iba a sufrir. Incluso les insistía. La expresión que aparece es: meteos bien esto en la cabeza.
O sea, Cristo quería que les quedara muy claro, pero ellos no lograban entender y, sobre todo, no querían entender. Eso es lo que llamamos ignorancia voluntaria. La ignorancia voluntaria consiste, como lo indica el nombre, en que uno no sabe pero tampoco quiere saber. Uno no quiere enterarse.
Muchas veces hemos padecido ignorancia voluntaria. Voy a dar un ejemplo, llamémoslo así, mundanos:
Pensemos en una persona que viene de una familia en donde lamentablemente se han dado varios casos de cáncer. Y esta persona se da cuenta que hay unos síntomas como raros. Por ejemplo, tiene un problema digestivo que no termina de aclararse. O presenta una masa en alguna parte de su cuerpo, pero no quiere ir al médico. Esa es ignorancia voluntaria. No quiero saber lo que me está sucediendo, porque en el fondo tengo miedo de que sea lo mismo que tuvo mi tía, lo mismo que estuvo mi papá.
Yo no quiero enterarme. No quiero ir al médico. No quiero un diagnóstico. Prefiero permanecer en la ignorancia. Esa es ignorancia voluntaria.
Pues a nosotros también nos pasa. En nuestra vida cristiana también existe la ignorancia voluntaria. Los apóstoles lo vivieron, repito. Los apóstoles no querían enterarse de qué era lo que estaba pasando. No querían enterarse del misterio de la cruz. No querían saber nada de la cruz.
Ellos querían seguir en su propia idea, querían seguir pensando en su modelo de Mesías y no querían abrirse a lo que Cristo tal vez tenía para decirles. No querían eso. Preferían permanecer en la ignorancia.
Esa es ignorancia voluntaria. Las tres expresiones de ignorancia voluntaria en el plano espiritual en nuestro tiempo, creo que tienen que ver con estas tres cosas. No queremos recordar que nos vamos a morir y tratamos de maquillar la muerte y tratamos de esconderla y tratamos de que no nos afecte y tratamos de que esté lejos. No queremos recordar que nos vamos a morir. Nada. No queremos saber de eso.
Segundo, muchas veces no queremos saber sobre lo que es pecado o no es pecado. Preferimos reservar ciertas áreas de nuestra vida como si fueran únicamente escogencia nuestra. Como quien dice, bueno, eso es lo que yo vivo y esta parte es mía.
Y hay muchas personas que están metidas en lo que viene siendo la tercera expresión de la ignorancia espiritual y hace mucho daño, veamos a lo que me refiero:
Hay personas que están metidas en algunos grupos, están metidas en algunas actividades que no son de la iglesia y en el fondo saben que no son de la iglesia. Lo saben, pero no lo quieren reconocer. Grupos que van tomando aspecto de secta y la gente prefiere vivir en esa especie de secta y prefieren permanecer en eso. ¿Por qué? Porque no quieren enterarse.
Por ejemplo, el Concilio Vaticano II trajo cambios que condujeron a personas a muchas ignorancias voluntarias. Está el caso de los que recuerdan y adoran la Misa Tridentina y todo lo que era antes del Concilio Vaticano II y ahora no aceptan lo que enseñan los Papas post-concilio. Y lo mismo del otro lado, al tener más acceso a la Biblia en sus propios idiomas, hay católicos que se hicieron de la Biblia su bola de cristal que les dice que van a ir haciendo según sus propios criterios y toman citas con pensamientos protestantes. Esto es lamentable, ver cómo muchas comunidades dicen ser católicas, comulgan y dentro de sus grupos hablan mal de su sacerdote. Ignorancia voluntaria, saben que están obrando mal, pero no quieren enterarse.
Eso es ignorancia voluntaria. Hoy pidámosle a Dios que nos libre de la ignorancia voluntaria, que nosotros recibamos, asumamos, agradezcamos y vivamos el misterio de Cristo y de la iglesia en toda su plenitud, que no nos engañemos y que desde una plenitud de alianza con Dios, una plenitud de obediencia a Él, podamos ser también expresión de su gloria.
Que Dios te bendiga.
Amén