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Vida Catòlica enero 14, 2026

El servicio sin amor, es esteril.

El evangelio de Cristo es sin duda el evangelio del amor. Cabe decir, que Dios es amor, así lo confirma San Juan en su primera carta. «Hemos conocido al amor, y hemos dado testimonio de Él». Por eso, cuando leemos los evangelios, el mensaje central, la enseñanza principal de Cristo para nosotros es «Amar«. Así nos lo enseña también San Pablo: «Todo se reduce a amar, porque si amamos, evitamos el pecado». Entonces, podemos decir que el evangelio es una fuente de amor para nosotros. Si necesitamos conocer algo sobre el amor, tenemos que acudir al evangelio. Así lo declara una de las santas más románticas que he leído, Santa Teresa del Niño Jesús, cuando decía:

Es sobre todo el Evangelio lo que me ocupa durante mis oraciones; en él encuentro todo lo que es necesario a mi pobre alma. En él descubro siempre nuevas luces, sentidos escondidos y misteriosos 

Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscritos autobiográficos, París 1922, p. 268

Hoy, Jesús nos enseña que el amor se da sin medida. Es mucho lo que nos enseña Cristo. Vemos un hecho en el que Cristo sana a la suegra de San Pedro con solo extenderle su mano. Y esto tiene una enseñanza tan grande para nosotros. ¿Cuántas veces estamos hundidos en nuestras penas, en nuestras propias complejidades, en nuestros problemas, en nuestros dolores, etc.? Y no vemos que Cristo nos extienda la mano. Otras veces, Cristo nos sana, Cristo nos libera, Cristo nos da eso que necesitábamos y nos olvidamos de Él. Se vuelve para nosotros un amuleto. Pero la suegra de Pedro nos enseña que la respuesta al llamado de Cristo es el servicio.

Y Cristo perfecciona más aún cuando al ponerse el sol, le llevaron a tantos enfermos y personas poseídas que, Él, con mucha paciencia los curaba. Más tarde, su atención se dirige al Padre, y nos enseña que no puede haber alimentación para el alma, que la oración.

Amor y oración, a eso se debe resumir nuestra vida. Porque el Amor nos hace hijos de Dios y la oración nos alimenta. Cuando servimos con Amor, nuestro servicio se vuelve fertil, y es imposible que un servicio así, no tenga fruto. Lo importante no está en el servicio, lo importante está en el amor. Servir cuando estoy cansado, servir cuando estoy alegre o triste. Esto, es imposible que se de, si no tenemos esa constante oración, así como Cristo lo hacía. Cristo, que es el Mesías, en su naturaleza humana oraba frecuentemente, ¿por qué nosotros no lo haríamos de tal manera?

¡Paz y Bien!

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