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Vida Catòlica septiembre 20, 2025

Él no calcula al sembrar; yo no quiero calcular al responder.”

Mis hermanos, el Evangelio de hoy nos presenta una fascinante meditación, pero sobre todo, una muestra del amor inagotable de Dios para con nosotros. Quiero desarrollar esta meditación en 4 diferentes puntos, los cuales pidamos a Dios que se conviertan en cuatro semillas cayendo en la tierra fértil de nuestro corazón.

1) El gesto que lo explica todo

Jesús nos presenta a un sembrador que derrocha semilla: la arroja en todo tipo de terreno. A la lógica humana le parece ineficiente; a la lógica de Dios, es amor gratuito. Como subraya el Papa León XIV, estamos acostumbrados a calcular, pero en el amor no se calcula. Dios confía y vuelve a confiar: no espera a que el terreno sea perfecto para regalar su Palabra; la siembra también cuando estamos distraídos, entusiasmados sin raíz, ahogados por las preocupaciones… y cuando, por gracia, estamos disponibles. Ver que Dios confía así en nosotros despierta el deseo de ser mejor tierra. Ahí se apoya nuestra esperanza: en su generosidad y misericordia.

2) Cuatro terrenos, cuatro combates

Jesús mismo interpreta la parábola:

  • Camino: se escucha, pero la Palabra no llega al corazón; el enemigo la arrebata. Hoy se parece a la dispersión constante: todo pasa, nada cala.
  • Pedregal: entusiasmo inmediato, sin raíz; ante la prueba, se cae. Es la fe que vive de sensaciones y no de decisión.
  • Espinos: afanes, riquezas y placeres terminan asfixiando el crecimiento. No es que la semilla sea mala, es que el corazón está ocupado.
  • Tierra buena: quien escucha, guarda y persevera. El fruto llega “por su constancia”.

A la luz del Papa León XIV: Dios no deja de sembrar incluso cuando somos camino, piedra o espinos; su fidelidad nos llama a colaborar para volvernos tierra buena. (En síntesis: lo decisivo no es cambiar de sembrador ni de semilla, sino consentir a que Dios cambie el suelo de nuestro corazón.)

3) Pasos prácticos para “mejorar el terreno”

  • Custodiar la semilla (del camino a la tierra buena): hacer silencio después de escuchar, repetir una frase de la Palabra durante el día, evitar la dispersión inmediata.
  • Echar raíz (del pedregal a la tierra buena): pequeñas decisiones estables—un tiempo breve diario de oración, obediencia concreta a lo que entendí, fidelidad en la prueba.
  • Desyerbar (de los espinos a la tierra buena): examen sobrio de apegos; elegir la sobriedad frente a la ansiedad por tener; priorizar el bien del alma sobre la prisa.
  • Perseverar: la diferencia no suele estar en grandes gestos, sino en constancia humilde. Dios pone la fecundidad; nosotros ponemos la disponibilidad.

4) Examen breve

  1. ¿Dónde se me “roba” la semilla con más facilidad: distracción, superficialidad, preocupaciones?
  2. ¿Qué decisión pequeña y concreta puedo tomar hoy para custodiar lo que escuché?
  3. ¿Qué espino debo cortar esta semana para que la Palabra respire?

Pidamos a Dios que en nuestro encuentro con él a través de la Palabra que escuchamos sea una nueva oportunidad de cambiar nuestros corazones. Seamos generosos con el amor desmedido que Dios nos regala cada día. Sin lugar a dudas, Dios estará siempre a la puerta, todos los días, hasta el último de nuestros días.

Repitamos hoy durante el día:

“Él no calcula al sembrar; yo no quiero calcular al responder.”

Amén

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