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Vida Catòlica septiembre 19, 2023

El milagro de la licuefacción de la sangre de San Genaro se repite en Italia

Este 19 de septiembre, una vez más, los creyentes han sido testigos del asombroso milagro que se ha manifestado en la Catedral de Nápoles, Italia: la licuefacción de la sangre de San Genaro.

Es una tradición arraigada que el milagro de la sangre de San Genaro, que normalmente se encuentra en estado sólido en un relicario durante el resto del año, ocurra cada 19 de septiembre y en dos ocasiones adicionales a lo largo del año. Este fenómeno extraordinario se ha producido desde el año 1389.

El Arzobispo de Nápoles, Mons. Domenico Battaglia, presidió la Eucaristía en la Catedral a las 10:00 a.m. hora local. Antes de la Misa, trasladó el relicario que contiene la sangre de San Genaro desde la capilla del tesoro hasta el altar mayor de la Catedral, donde permaneció durante toda la celebración.

En su sermón, Mons. Battaglia destacó que «los mayores milagros solo pueden lograrse juntos» y animó a la comunidad a «reconstruir puentes» y a promover la justicia y la paz. También instó a convertir Nápoles en «un lugar de vida y perdón» y solicitó la intercesión de San Genaro, cuya licuefacción de sangre consideró como una «prueba de su lealtad a Cristo».

En esta iglesia se custodia una ampolla de vidrio que contiene un coágulo de sangre del santo, que en determinados momentos se convierte en líquida. Este fenómeno se denomina «licuefacción» y se considera un milagro debido a que no se puede explicar de manera física o química.

Aunque hay quienes cuestionan este fenómeno, nadie ha logrado explicar con certeza cómo o por qué se produce.

La sangre de San Genaro se convierte en líquida en tres ocasiones específicas: el día en que se conmemora la traslación de sus restos a Nápoles (el sábado anterior al primer domingo de mayo), el día de su festividad litúrgica (cada 19 de septiembre) y el día en que sus devotos agradecen su intercesión para mitigar los efectos de la erupción del volcán Vesubio ocurrida el 16 de diciembre de 1631.

En cada uno de estos tres días, el Obispo de la ciudad o un sacerdote en su representación presenta el relicario con la ampolla de sangre ante la urna que guarda el cráneo del santo, siempre en presencia de los fieles. Después de un lapso de tiempo, el celebrante levanta el relicario, lo invierte y, en ese momento, la masa de sangre se torna líquida. Entonces, el celebrante anuncia: «¡El milagro ha sucedido!».

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