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Vida Catòlica febrero 2, 2026

Dios nos llama al encuentro con el Hijo

«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel».

Estas son las palabras de quien se reconoce hambriento y reconoce también, a quien lo puede alimentar y llenar de verdad. Simeón rogó a Dios poder conocer a su salvador y Dios le ha concedido esa gracia. Probablemente, no hay diferencias con el día de hoy. Podemos tener nosotros ese deseo de tener ese encuentro con Cristo en persona, y probablemente no lo hemos tenido, pues, ¿cómo Simeón pudo reconocer a aquel niño como su Salvador? Es necesario estar lleno del Espíritu y con el corazón humilde para poder reconocerlo de entre la multitud y los problemas.

Hoy, en la fiesta de la presentación de Jesús, nos recuerda también cómo nosotros podemos tener el corazón aperturado a la presencia de Cristo. Muchas veces lo esperamos de una forma muy épica o fantasiosa. Muchas veces queremos que Cristo se aparezca a nosotros de una manera sobrenatural, en medio de nuestros mares de problemas, dudas, incertidumbre, pero, se nos olvida que es necesario encontrarnos vacíos. Entre más vacíos estemos, más necesitados nos vamos a encontrar. Vaciarse es de todo aquello que nos aparte de tener un corazón pobre de Espíritu, necesitado.

Cristo, que vino al mundo en lo insignificante, en lo sencillo, en lo humilde, de igual manera va a venir a nuestras vidas. Simeón estaba en el templo y supo reconocer a su salvador. Tomemos en cuenta que Jesús no dijo ni una sola palabra, fue Simeón quien lo reconoció por un acto movido por el Espíritu. Hermanos, necesitamos vaciarnos, necesitamos encontrarnos necesitados. Necesitamos apagar el ruido del día a día y dejar que el Espíritu nos mueva, nos conduzca, para así poder encontrar a Cristo, para así poder identificarlo en nuestra vida cotidiana, es ahí cuando todo toma sentido. Es ahí cuando podremos decir: «Puedes dejar ir al siervo en paz». Porque has tenido ese encuentro con quien es la Vida, y no importa nada más después de esto.

¡Paz y Bien!

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