¡Dichoso aquél a quien Dios encuentre en Vela!
Amados hermanos, el día de hoy, todos los que estamos leyendo este texto, tenemos la gracia del Señor de poder aún compartir su mensaje, su evangelio. Dios nos ha dado una oportunidad más, un día más, para poder seguir caminando, seguir mejorando, seguir acercándonos a la casa del Padre. Hoy, es un día excelente para poder seguir intentándolo, a pesar de nuestros errores, de nuestros pecados, de nuestras ofensas al Señor; Él, dentro de su infinita misericordia, hoy nos está dando una oportunidad más de hacerlo mejor.
A esto es lo que nos invita el evangelio de hoy. Somos peregrinos de esperanza y no hay mayor valor de un cristiano que el que Dios nos llame hoy, y estemos preparados. No hay mayor dicha que aparezca nuestro Señor y nos toque la puerta hoy y nos encuentre en gracia, nos encuentre en vela, que nos encuentre pensando en Él, haciendo su voluntad.
En el evangelio de ayer el Señor era claro: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes? Y es que, ¿cómo podemos tener segura nuestra vida si le pertenece a Dios? ¿Por qué querríamos intentar poseer algo que no es nuestro? ¿Acaso se adueñarían de un vehículo que es prestado? Al contrario, lo cuidaríamos incluso mejor de como si fuera nuestro. Así debemos cuidar ese don precioso que Dios nos ha dado, como si fuera nuestro, y Dios la vida la ha dado, la ha entregado, pero la va a pedir en cualquier momento y espera encontrarla en buen estado.
Nada está seguro, hermanos, no sabemos cuándo Dios tocará la puerta. No sabemos si hoy es el último día de nuestras vidas. ¿Están preparados? ¿Cómo puedo saberlo? El Evangelio nos lo anuncia, nos lo enseña. Vivamos una vida de bienaventuranzas, de penitencia, de amor y entrega al prójimo. Vivamos una vida de oración. Dar gracias a Dios por todo lo que tenemos, lo que no tenemos.
Orar, dar gracias y entregarnos al prójimo es nuestra vela encendida; la fe, esperanza y caridad son nuestra túnica y, dichosos aquellos a quienes su Señor encuentre en vela, dice la Palabra de Dios hoy.
Amén