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Vida Catòlica septiembre 17, 2025

Dejar que Dios nos salve a Su modo

📜 Comentario del Evangelio de hoy

Lucas 7, 31-35

Jesús compara a los hombres de su tiempo con niños caprichosos que no quieren jugar con nada: si les tocan la flauta no bailan, si les cantan lamentos no lloran. Así también actuaron con Juan el Bautista y con Él mismo: a uno lo rechazaron por demasiado austero y al otro por demasiado cercano. No aceptaron ni el rigor de la penitencia ni la ternura de la misericordia.

En el fondo, Jesús denuncia una cerrazón interior: quieren ser salvados, sí, pero a su manera. No aceptan que Dios venga a romper sus esquemas, que se acerque en formas que ellos no controlan. Cuando alguien se aferra a su propio criterio, nada le basta: juzga el ayuno como fanatismo y la alegría como libertinaje. Así, no reconocen la sabiduría de Dios que actúa en modos diversos, pero siempre buscando salvar.

También nosotros podemos caer en esa misma actitud. A veces queremos que Dios actúe sólo en lo que consideramos “espiritual”, o sólo en lo que nos resulta cómodo. Rechazamos el silencio cuando pide penitencia y rechazamos la fiesta cuando nos ofrece consuelo. Pero Dios se manifiesta tanto en la austeridad de Juan como en la cercanía de Jesús. Su sabiduría no está en el estilo exterior, sino en los frutos de conversión y vida nueva que producen quienes lo acogen con fe.

La verdadera sabiduría no se mide por nuestras ideas preconcebidas, sino por un corazón que se deja sorprender. Dios no siempre viene como lo imaginamos: a veces se presenta en la prueba que purifica, otras en la alegría que renueva, siempre con el mismo propósito de salvarnos. El problema no es su forma, sino nuestra resistencia.

💭 Meditación

Este Evangelio es una invitación a abrir el corazón y dejar que Dios sea Dios. Preguntarnos:

  • ¿Acepto su salvación aunque venga de formas que no esperaba?
  • ¿Confío cuando su camino no se ajusta a mis planes?
  • ¿Estoy dispuesto a dejar que me desinstale para poder salvarme?

La fe auténtica no impone condiciones: se abandona con confianza. Quien tiene el corazón sencillo reconoce a Dios tanto en la austeridad como en la ternura, tanto en la corrección como en el perdón. Y en ese reconocimiento humilde encuentra la verdadera sabiduría.

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