De lo alto viene Cristo y a lo alto hemos de ir
El evangelio de hoy parece sencillo, pero en realidad es más grande e importante de lo que parece. San Juan el Bautista es un protagonista muy importante de todo este tiempo de Adviento. De él hemos aprendido mucho, y de él aprendieron mucho los primeros cristianos antes de la primera venida de Cristo. Es impresionante la labor de San Juan porque ha preparado un terreno donde solamente aquel que es humilde y se olvida de sí mismo, es capaz de ver a Jesús como el Cristo, como Dios, como el que tenía que venir y ha de venir a nuestros corazones.
Si nosotros nos fijamos bien, en los cuatro evangelios, quienes siguen y aceptan a Jesús como líder, como su guía, como su roca, han sido los pecadores, publicanos, paganos, el pobre en general. Porque han visto a Jesús y se han visto desarmados. Muchos de estos escucharon más de una vez a San Juan el Bautista, y supieron escuchar a Cristo, porque no había barreras, el camino que había preparado San Juan estaba servido. En cambio, los fariseos, saduceos y todo el cuerpo de sumo sacerdotes, no sabían nada, no entendían nada, porque su posición de «no necesito nada de un hombre desconocido», es decir, su arrogancia, no les permitía entender lo que Jesús predicaba.
Sin embargo, a Cristo lo seguían, a Él lo escuchaban y sus milagros eran palpables. Entonces tuvieron que preguntarle: «¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
Esta pregunta es importante, pero más importante es la contrapregunta que le lanza Cristo a los sacerdotes: «¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de la tierra?»
Amados hermanos, una reflexión muy grande de este evangelio es que: no podemos nosotros entender algo que no hemos aprendido a vivir aún. Es complejo, porque son temas propios del Espíritu Santo, pero, imaginemos a un agricultor. Este no podría sembrar una especie de semilla sin antes entender su comportamiento.
Dios quiere tener una intimidad con nosotros, y sí, Él sabe lo mucho que lo necesitamos, lo mucho que padecemos, pero nuestra necesidad, aunque esto no se escuche bien, no es lo más importante. ¿Un trabajo? ¿Salud? ¿Paz en tu familia? Todo eso se va a acabar, nos vamos a morir. Lo que verdaderamente quiere Dios para nosotros es Vida. Dios desea que nuestros corazones vivan esa conversión, que entremos en la metanoia. En el entender a Cristo, pero para entender a Cristo hay que abrir el corazón, hay que preparar los caminos, hay que dar paso al Rey que va a nacer. Si no, ¿cómo podremos reconocerle en su regreso?
Los fariseos no supieron dar respuesta a la pregunta de Jesús. ¿Nosotros, si sabremos?
Paz y Bien!
Amén
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