Creer mas allá de lo inexplicable
En el umbral del misterio de la Encarnación, nos encontramos con la figura silenciosa de San José, a quien el Evangelio define como un hombre «justo». Esta justicia no debe entenderse meramente como una observancia legalista de la norma, sino como una profunda rectitud interior que busca sintonizar la propia voluntad con la voluntad divina. José se encuentra ante un misterio que le supera absolutamente: la acción del Espíritu Santo en María. Su duda no nace de la sospecha, sino de la reverencia ante lo sagrado; siente el temor sagrado de estar ante una zarza ardiente que no le pertenece, y decide retirarse en silencio para no profanar el actuar de Dios, mostrando así una delicadeza espiritual extraordinaria.
La irrupción del ángel en sueños transforma la noche oscura de José en una amanecer de revelación. Dios le pide lo que humanamente parece imposible: aceptar lo incomprensible y dar un nombre legal al Hijo de Dios. Al imponerle el nombre de Jesús, José es incorporado activamente en la historia de la salvación, no como un espectador pasivo, sino como el custodio del Redentor. En este diálogo onírico, aprendemos que la fe requiere la capacidad de escuchar la voz de Dios en el silencio interior, más allá del ruido de nuestras propias angustias y razonamientos humanos.
El cumplimiento de la profecía de Isaías nos revela la verdadera identidad del niño: Emmanuel, «Dios-con-nosotros». Este título no es solo un nombre, sino la definición misma de la nueva Alianza. Dios ya no es el totalmente Otro, lejano e inalcanzable, sino que se ha hecho prójimo, carne de nuestra carne. San José se convierte en el primer testigo de esta cercanía abrumadora; él es el hombre que, al acoger a María, acoge el Tabernáculo de la Nueva Alianza en su propia casa. Su vocación es ser la sombra del Padre celestial en la tierra, protegiendo la fragilidad humana en la que Dios ha decidido habitar.
Finalmente, la respuesta de José al despertar es la «obediencia de la fe» en su estado más puro. No pronuncia palabra alguna, pues su adhesión a la voluntad divina se manifiesta en la acción inmediata: «hizo lo que le había mandado el ángel». Recibir a María en su casa significa, para nosotros hoy, recibir el misterio de Cristo en nuestra propia existencia, sin condiciones ni reservas. José nos enseña que creer es fiarse de Dios incluso en la oscuridad, sabiendo que su plan, aunque misterioso, es siempre un plan de salvación y de amor para su pueblo.
Paz y Bien.
Etiquetas
Secciones
Más Leídos
Nuestra Señora de Cuapa, 8 mayo de 1980
Novena de la Inmaculada Concepción de María
10 versículos de la Biblia para conquistar el desánimo espiritual
Oración a Nuestra Señora de La Merced
NOVENA A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN
Martes de la I semana del tiempo ordinario
Lectura del primer libro de Samuel
1 Samuel 1, 9-20 En aquel tiempo, después de tomar la comida ritual en Siló,...
Lectura del santo evangelio según san Marcos
Marcos 1, 21-28 En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue...