Creer en Dios, esta es nuestra plenitud.
Amados hermanos, del evangelio de hoy podemos aprender y alimentarnos de diferentes fuentes. Una de ellas es la fe. Ahora bien, quizás ustedes se estén preguntando, ¿qué tiene que ver la fe en el evangelio de hoy? Pareciera que no se habla nada al respecto. Bueno, con la ayuda del Espíritu Santo voy a tratar de desarrollar esta pequeña meditación.
En el catecismo de la Iglesia Católica, en el primer capítulo, comenzamos leyendo y aprendiendo sobre el «Creer» ó «Creo». El catecismo nos enseña que muchos llegan a decir: «Yo creo en Dios», pero nunca nos detenemos a pensar: ¿qué significa creer? Esto es una excelente pregunta, la cual el catecismo nos recuerda que Creer más que un verbo, es un acto, es decir, no puedo yo decir que creo en Dios, si mi vida sigue siendo la misma de siempre. No puedo decir que creo en Dios, si no oro constantemente, si no asistes a Misa, si no me confieso frecuentemente, si no soy buenaventurado y sobre todo, si escucho la Palabra y no la pongo en práctica.
Santiago, en su carta dice: «Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero los demonios también lo creen, y tiemblan de miedo» (Santiago 2,19). Aquí, Santiago nos exhorta que: decir que «yo creo» no es suficiente. Es necesario poner en práctica la Palabra, que nuestras obras son necesarias para que justifiquen nuestra fe. No podemos simplemente escucharla (la Palabra), porque hasta las piedras y los ríos escuchan.
En el Evangelio de hoy encontramos a los demonios que saben reconocer a Dios. Sin embargo, los presentes parecen estar anuentes a la presencia divina de Dios, parece que solo se admiran. Los demonios reconocen a Dios, pero los hombres no. ¿Qué nos enseña esto? Quiero dejar el resto de esta meditación para que la continúe en su oración preguntándose: ¿Estoy reconociendo a Dios en mi vida, en mi día a día? ¿Estoy creyendo en Dios de verdad? Solamente, les doy una pista: Creer no es de palabra, es de acción. Creer es tener fe, como Abraham, como los santos, como María. Todos ellos actuaron.
¡Paz y Bien!
Amén