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Vida Catòlica noviembre 10, 2025

Caminando con fe es que llegaremos al eterno.

Mis hermanos, pero que manera de comenzar el evangelio de hoy:

«No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.

Jesús es muy claro desde el principio. Durante nuestra estadía en esta tierra, siempre vamos a estar expuestos al pecado. En un momento, yo me preguntaba: ¿Entonces, Dios no tiene la potestad de evitar que pequemos? ¡Claro que sí la tiene! Pero ¿de qué le sirve a Dios esto? Dios quiere purificarnos. Dios quiere que nuestra voluntad sea fortalecida por medio de las tentaciones, es decir, de las oportunidades de pecado. Dios, muchas veces permite ocasiones de pecado para sacar lo mejor de nosotros, para exprimirnos, pero sobre todo, para demostrar su poder al enemigo, demostrar que el amor siempre puede más.

El Señor nos da una clara advertencia: ¡Hay de ustedes que provoquen pecado, tengan cuidado! Hermanos, ¿cuántas veces hemos provocado pecado? Al menos de mi parte, consideraría que no me merezco el cielo desde ya. Hermanos, ¿cuántas veces hemos pedido a alguien que mienta? Cosas tan diminutas como: «Si me vienen a buscar, diles que no estoy». Al menos desde mi experiencia y mis luchas, la mentira es la maestra, porque las mentiras parecen ser inofensivas. Comienzan con pequeñas acciones, hasta que nos convertimos en profesionales.

Es difícil poder luchar contra el pecado, desde los dos puntos de vista: evitar caer y evitar que caigan. ¡Parece Imposible! Pero es aquí donde termina el evangelio de hoy. Los apóstoles dijeron al Señor: «Aumenta nuestra fe».

¿Qué nos enseñan los apóstoles aquí? Para el hombre es imposible cumplir lo que pide Cristo. De hecho, si lo analizamos, parece difícil no caer en pecado y no hacer caer, sobre todo hacer caer a los demás. Pero los apóstoles reconocen que necesitan fe para poder superarlo. Si tuviéramos fe, aunque sea un poco, aunque sea como un grano de mostaza, no solo podríamos dejar de ser causa de pecado, sino que también podríamos hacer mucho más.

Hermanos míos, la fe inicia donde la razón termina. Todo eso que para nuestra limitada naturaleza humana es imposible, con la fe se hace posible. Pidamos a Dios, en nuestras oraciones, Señor, aumenta nuestra fe. Pero esto no solo es pedir, también es actuar. Tengamos a Dios en nuestra mente durante el día y batallemos juntos esta guerra. El pecado se vence orando, con fe y caminando juntos con el Señor. Recordemos lo que dice el mismo Señor: «No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino aquel que haga la voluntad del Padre». Hoy hemos conocido una voluntad: no pecar y no hacer pecar.

¡Luchemos juntos esta batalla, hermanos!

Paz y Bien,
Amén

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