¡Aquí hay uno que es más que Salomón!
«Aquí hay uno que es más que Salomón y Jonás». Esas fueron las palabras de Jesús ante la incredulidad de los doctores de la ley. San Lucas no lo menciona claramente, pero sí lo hace San Mateo. Jesús era probado, los maestros de la Ley les pedían pruebas, querían ver una señal milagrosa.
Las declaraciones de Jesús son muy fuertes para aquellos que conocen la ley y no la ponen en práctica. Ya habíamos escuchado en otra ocasión decir del Señor: «Al que más tiene, más se le pedirá». San Pablo, en la carta a los Romanos, también menciona que la ley es para los que la conocen, por eso, como un acto de misericordia, debemos siempre orar y pedir por aquellos que aún no conocen la Palabra, aquellos que aún no han escuchado el nombre de Dios.
Pero la exigencia de Jesús es con aquellos que conocen la ley y aún así no la ponen en práctica. Nos lo decía el sábado pasado: «Dichoso aquel que escucha la Palabra y la cumple». ¿Cuántas veces hacemos de maestros de la ley? Nos hacemos conocedores del bien, nos hacemos poseedores de la verdad, tenemos exigencias y cero misericordia para con los hermanos, hasta ponemos cargas que ni nosotros podríamos soportar; y aun así, cuando nos vemos envuelto en una situación de angustia, le pedimos a Dios una señal, le exigimos una señal.
¡Gente perversa, nos exhorta el Señor! ¡Gente incrédula!
Tenemos que volver al amor. Si ya estamos en el camino, tenemos que orar y pedir mucho al Señor para que nos dé un corazón nuevo, capaz de amar como Él nos ha amado. El amor es el rostro de Dios y nosotros lo hemos conocido. Dios es el primero que nos ha amado y lo hemos conocido, así como dice San Juan en su primera carta. Somos hijos del amor y estamos llamados a amarle a Él y al prójimo como a nosotros mismos. Es en el amor que encontraremos la respuesta que buscamos del Señor.
¡Aquí hay uno que es más que Salomón! ¡Aquí hay uno que es más que Jonás! Con esta afirmación, Jesús se declaraba implícitamente que es el hijo de Dios y que es Dios. El verbo que estaba desde el principio, que estaba con Dios y era Dios. En aquellos tiempos, los hombres de Nínive se convirtieron por la predicación de Jonás; nosotros hemos conocido el amor de parte del amor mismo y aún así muchas veces tenemos «dudas».
En el pan consagrado, en tu capilla, en tu hermano, hay uno que es más que Salomón. En tu interior, en el silencio, en la intimidad de tu cuarto, cuando hablas con Jesús, ahí hay uno que es más que Jonás. Escucha hoy su Palabra y ponla en práctica, porque Jesús te habla hoy con amor, y con amor espera una respuesta.
Dios te bendiga
Amén