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Vida Catòlica diciembre 19, 2025

Aceptar, a toda costa, la voluntad de Dios

El evangelista San Lucas nos presenta hoy a Zacarías e Isabel como dos justos. ¿Qué significa ser justos? Algo que encaja perfectamente con algo. Por ejemplo, cuando un carpintero instala una puerta y tanto el boquete de la puerta como la puerta misma están bien hechos, con las medidas correctas, la puerta entra justo, es decir, no tiene impedimentos, ninguna parte de la puerta pega con el hueco, entonces no requiere de fuerza para que la puerta pueda alcanzar. Entonces, nosotros decimos, está justa la puerta en el espacio. Así mismo, un hombre justo, como Zacarías e Isabel, es persona que entra justo en el plan de Dios, es decir, cumple la voluntad de Dios, se acomoda, se ajusta bien al plan, a la voluntad de Dios. Esto involucra que son personas temerosas de Dios, que obedecen, que oran, que cumplen los mandamientos, que aman al prójimo, son personas agradables a Dios.

Entonces, me he querido tomar el tiempo de meditar en la justicia de Zacarías e Isabel, porque de aquí podemos aprender algo muy importante. Zacarías e Isabel no podían tener hijos por causa de la esterilidad. Una persona no justa mira esto como una maldición o alguna otra idea abstracta que aleja la verdad, la voluntad de Dios, etc. Pero en cambio, el evangelio explícitamente nos muestra que sí había un deseo de ambos de tener un hijo; el arcángel Gabriel le dice a Zacarías: «No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada». Esto nos demuestra que sí, ellos desearon un hijo, pero siempre aceptaron la voluntad de Dios, eso es aportar a ser justos. «Aceptar, a toda costa, la voluntad de Dios.»

Sin embargo, Zacarías es un hombre rayado por el pecado original y duda ante aquel anuncio. Es normal, nos pasa a todos, porque hay cosas que no suenan lógicas y razonables. Zacarías se dejó llevar, esta vez, por la razón. Pero esto no quita lo justo, Dios ya tiene un plan marcado y no necesita de nuestra aprobación y de nuestro asombro. Ellos estaban marcados para traer al mundo al último profeta, el que finalmente prepararía el camino de nuestra salvación. ¿Se imaginan si Zacarías e Isabel no hubieran sabido esperar? Dios hubiera seguido con su plan, quien se pierde es el alma del hombre.

Hermanos, del evangelio de hoy podemos aprender y meditar que no podemos vivir esperando que Dios conceda cada una de nuestras peticiones en nuestro tiempo, a nuestro modo. Mucho aprendemos que incluso ante la presencia de dos seres justos, Dios se toma el tiempo, porque para todo hay un plan. Dios no se tarda, Dios es justo. Zacarías e Isabel pidieron a Dios un hijo y supieron esperar. Sepamos esperar nosotros. Seamos pronto a pedir esperanza, a pedir que se nos incremente la fe; y lentos a desesperarnos, a hacer nuestra voluntad. Seamos hombres y mujeres justos, que esperan, que oran, que escuchan, que aman. Aquel que conoce la Palabra de Dios y la cumple, será como árbol inamovible plantado a las fuentes de agua que, a su tiempo, dará frutos, en todo lo que emprenda, le irá bien (Salmo 1).

Paz y Bien,
Amén

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