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Vaticano marzo 6, 2024

El Papa Francisco sigue resfriado y cede la lectura de su catequesis sobre la soberbia

En una luminosa mañana en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco, a bordo del papamóvil y rodeado de fieles, hizo una revelación sobre su estado de salud: «Aún estoy lidiando con un resfriado y no puedo leer con claridad».

Debido a esto, la catequesis sobre la soberbia, parte de la serie sobre los vicios y virtudes que ha estado presentando en las últimas semanas, fue leída por un colaborador del Papa, como ya ha ocurrido en algunas ocasiones recientes.

A fines de febrero, el Pontífice suspendió sus audiencias en dos ocasiones debido a su estado de salud. El 28 de febrero, durante la audiencia general, delegó la lectura de su catequesis y luego se dirigió al hospital Gemelli Isola Tiberina para realizar algunas pruebas médicas, según informó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El 1 de marzo, nuevamente cedió la lectura de su discurso programado para los participantes de la Conferencia Internacional «Hombre-Mujer Imagen de Dios. Por una antropología de las vocaciones». Sin embargo, brevemente destacó un aspecto de su discurso: «El peligro más feo es la ideología de género, que borra las diferencias».

«La soberbia, el gran vicio» Continuando con la serie sobre los vicios y las virtudes, la catequesis de este miércoles se centró en la soberbia, un vicio que, según el Papa, «está muy cerca de la vanagloria», tema abordado la semana anterior, pero que va más allá: «Si la vanagloria es una enfermedad del ego humano, la soberbia es su versión más avanzada y peligrosa». El Papa Francisco afirma que «de todos los vicios, la soberbia es la más perniciosa».

«En este mal se encuentra el pecado fundamental, la absurda pretensión de ser como Dios. El pecado de nuestro ancestro, como se relata en el libro del Génesis, es esencialmente un pecado de soberbia», continúa la enseñanza, antes de describir algunos «síntomas reveladores de que una persona ha caído en el vicio de la soberbia».

Entre estos síntomas, se incluye «un aspecto físico notorio», como tener «un cuello rígido que no se inclina». Además, se caracteriza por «emitir juicios tajantes sobre los demás por cualquier motivo», olvidando el mandato de Jesús de «no juzgar». Asimismo, el soberbio tiende a reaccionar «de manera exagerada, como si cualquier comentario o crítica constructiva fuera un ataque a su majestad».

El Papa concluye que «poco se puede hacer con una persona afectada por la soberbia. Es difícil entablar una conversación con ella o corregirla, porque en realidad ya no está presente para sí misma. Solo podemos tener paciencia, porque su orgullo eventualmente la llevará a su caída».

El Santo Padre destaca que «la humildad es el verdadero antídoto contra la soberbia» y anima a aprovechar la Cuaresma para combatir este vicio.

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