¡Señor, aumenta nuestra fe!
Tengo que ser honesto que, una de las cosas que me llamaba la atención del evangelio es cuando Jesús pedía lo que a estos ciegos les pidió: “Que nadie lo sepa”. En mi lógica mundana, yo analizaba y pensaba: ¿por qué Jesús querría eso? ¿Acaso no es mejor que más lo sepan o le conozcan por sus obras? Pero con el tiempo, y de hecho, esta misma lectura nos enseña que es mejor no correr la voz.
La fe es un tema muy delicado e importante en nuestra caminar. La fe es el corazón de nuestra relación con Dios, puesto que no le vemos y no le podemos tocar. Por algo es una de las 3 virtudes teologales, por algo, es lo que más se valora de los santos, que tanta fe tuvieron. Pensemos en cualquier santo, sobre todo en los mártires. ¿No creen que San Maximiliano María Kolbe pudo perder la fe al estar en aquellas celdas de los campos de concentración? Cualquier uno de nosotros hubiera dicho: Dios, ¿dónde estás? ¿Por qué me abandonas ahora? No sabemos qué es lo que vivió San Maximiliano Kolbe en esos días, pero de algo sí estoy muy seguro: su batalla espiritual se mantuvo en pie por la fe, la esperanza y su capacidad de amar.
¿Entonces, imaginense ustedes si nuestra fe se alimentara de lo que vemos? En realidad, perderíamos la fe, porque buscaríamos a Dios por el espectáculo, por lo que da, no por lo que verdaderamente es. Y es esa, para mí, la mayor crisis en la que nos encontramos hoy: ¡La crisis de fe! ¡Estamos tan infectados de las experiencias y queremos un milagro para YA! Todo lo queremos pronto, a nuestro ritmo. Queremos comodidades, queremos sanación, queremos todo, para ya. Seguimos a un Cristo sin cruz.
Yo te pregunto, hermano: ¿Qué lograrías si hoy, en medio de tus necesidades, Jesús se te aparece misericordiosamente y te dice: Que se haga en ustedes conforme a su fe? Meditemos en estas palabras de Jesús. ¿Qué lograríamos? ¿Qué clase de fe tenemos? La respuesta solo nosotros con la ayuda del Espíritu Santo la podemos tener. Por eso, los invito a tener un momento de oración y meditar en esto y, diariamente pedirle al Señor: «Aumenta nuestra fe».
¡Gloria y alabanza a nuestro Rey!
Paz y Bien
Amén