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Vida Catòlica noviembre 20, 2025

Conviertete y cree en el evangelio

Mis hermanos, amados míos, si tomamos el evangelio de hoy y lo analizamos desde la vertiente literaria, claramente, Jesús estaba profetizando el final de Jerusalén y la destrucción del templo. Si conocemos un poco de historia, sabemos que por allá, en el año 70 d.C. los romanos arrasaron con la ciudad de Jerusalén y con ella se llevaron al templo. Como dijo Jesús, no quedó piedra sobre piedra.

Hermanos, las profecías no son predicciones, sino revelaciones de algo que va a pasar en el futuro. Jesús lo profetizó, sin embargo, la providencia y misericordia de Dios son tan grandes, que el futuro (para nosotros) puede cambiar. Por ejemplo, recordemos al profeta Jonás, anunció la destrucción de Nínive porque Dios se lo había revelado. Lo de Jonás era también una profesía. Sin embargo, ¿qué es lo que ocurrió? Dios decidió cambiar su plan y no destruir Nínive puesto que el pueblo fue obediente y escuchó el mensaje de Dios. Se arrepintieron de sus pecados y se volvieron a Dios, es decir, se convirtieron.

¿Por qué les menciono todo esto? Porque nuestro futuro, al igual que el de Jerusalén y el de Nínive, es la destrucción. Nuestro futuro solo refleja desgracias y fuego eterno, todo, por culpa del pecado y porque nos encanta estar revolcándonos con el pecado. Por eso Jesús dice: ¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! 

Tenemos al salvador frente a nuestros ojos, pero preferimos nuestros caprichos. Tenemos la redención a nuestros ojos, pero preferimos hablar mal del prójimo. Tenemos la vida frente a nosotros, pero preferimos idolatrar la muerte con nuestros antojos y deseos de poder y riquezas.

Hermanos, Dios ya sabe que le vamos a fallar. Dios ya sabe todas las ofensas que nos faltan por hacerle. Dios lo sabe todo, pero, en su infinito amor y misericordia, nos llama a diario, nos toca a la puerta, para cambiar esa historia, así como Jonás, que rechazó el llamado, pero luego se arrepintió. Si nos fijamos muy bien, nosotros somos un Jonás, puesto que, en el plan de Dios, tiene mucha salvación para otras personas a través de nuestra conversión, así como Jonás, gracias a su conversión, Nínive se salvó de lo que le esperaba.

Preguntar para meditar en oración: ¿Vamos a permitir que el pecado condicione nuestro futuro al fuego eterno? ¿O vamos a dejar que Dios cambie nuestra historia? Hermanos, Dios tiene una respuesta diferente para cada uno de nosotros. Dios tiene una historia de amor diferente para cada uno de nosotros.

Paz y Bien!
Amén

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