Orar, confiar, y nunca perder la esperanza.
En Radio Estrella del Mar, estuvimos el pasado fin de semana, desde viernes hasta domingo, en una jornada de oración ininterrumpida. El lema fue «Peregrinos de esperanza, caminando juntos en oración». Esperanza, la palabra clave de la jornada de oración, y hoy, en el evangelio, Jesús nos muestra y enseña muchas cosas, una de ellas es la esperanza. En eso quiero enfocarme hoy, en el mensaje de esperanza que contiene el evangelio del día de hoy.
La esperanza es una de las tres virtudes teologales que disponen a los cristianos a vivir en íntima relación con Dios (cc 1812). Estas mismas, pues, son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna (cc 1813). La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. “Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa” (Hb 10,23). “El Espíritu Santo que Él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna” (Tt 3, 6-7).
Estando claros del valor que tiene la esperanza en nuestro peregrinaje, hoy, San Lucas nos muestra a una mujer que durante 18 años estuvo enferma a causa de un espíritu malo. 18 años, por 18 largos años viviendo con una enfermedad y estoy 100% seguro de que durante una gran parte de esos 18 años, esta mujer imploró a Dios, clamó a Dios, por una liberación, por una sanación.
Para los judíos, sanar en sábado era pecado, porque iba contra la ley de Dios, puesto que no se debía trabajar en sábado, y ellos consideraban trabajo, y no misericordia, el sanar a un enfermo en sábado. No quiero enfocarme en lo que pensaban los judíos, sino en el hecho de que Jesús, quien claramente sabía todo sobre esta mujer, decide sanarla en sábado, demostrando una vez más que Él era y es Dios, y que Él es la ley.
Contra todo pronóstico de esta mujer, Jesús la libera, Jesús la sana, en sábado. Jesús nos enseña a pedir con fe, incansablemente y a esperar la voluntad de Dios para con cada uno de nosotros. Dios no se queda con nada, mas bien nos invita a pedir con fe y a no perder la esperanza, porque Él escucha nuestra oración, Él escucha nuestras plegrarias, pero aunque a veces parece callar, aunque a veces parece ser que es indiferente a nuestra oración, Dios está formando, está exprimiendo lo mejor que podemos dar de nuestra fe y esperanza.
Esperanza es la clave de hoy. 18 años esperó esta mujer y finalmente, contra todo pronóstico, Jesús la liberó de su enfermedad y ahora esta mujer pudo proclamar que Dios es fiel y nunca se olvida de los que sufren, sino que acompaña y fortalece. Nosotros hermanos, probablemente estamos en una situación similar, y podemos quizas encontrarnos desesperados al no ver una solución, pero tenemos que saber, que Dios conoce mejor que nosotros la situacion que estemos pasando, sea cual sea, Dios lo sabe todo, por eso, pidamos con fe, pidamos a Dios que aumente nuestra esperanza para que podamos esperar en Él su voluntad. Para lo que nosotros pueden ser 18 años, para Dios es como un respirar.
Que Dios aumente nuestra esperanza, hermanos, que Dios incremente nuestra fe, para que en este peregrinaje podamos alcanzar la gracia de la vida eterna.
Amén