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Vida Catòlica marzo 22, 2024

Viernes de Dolores, el día que acompañamos a la Madre de Dios en sus sufrimientos

El Viernes de Dolores marca un día especial en el calendario litúrgico católico, siendo una jornada de profunda reflexión y devoción en la que se honra y acompaña a la Madre de Dios en sus sufrimientos. Este día, que precede a la Semana Santa, nos invita a sumergirnos en la contemplación de los dolores y penas que María experimentó durante la vida terrenal de su Hijo Jesús.

La devoción al Viernes de Dolores tiene sus raíces en la tradición cristiana y ha sido celebrada durante siglos en todo el mundo. Se remonta a los momentos cruciales de la Pasión de Cristo, cuando María, como madre amorosa, acompañó a su Hijo en el camino del Calvario, compartiendo en silencio su dolor y sufrimiento.

En este día, los fieles se reúnen en las iglesias para participar en diversas ceremonias y prácticas devocionales que recuerdan los siete dolores principales de la Virgen María, también conocidos como las Siete Espadas de Dolor. Estos dolores incluyen la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida temporal de Jesús en el templo, el encuentro con Jesús en el camino al Calvario, la crucifixión y muerte de Jesús en la cruz, la deposición de su cuerpo de la cruz y su sepultura.

Durante la celebración del Viernes de Dolores, se llevan a cabo procesiones, rezos del Rosario, lecturas de pasajes bíblicos relacionados con los sufrimientos de María, así como representaciones artísticas y musicales que evocan su dolor y sufrimiento. Es un momento para reflexionar sobre el papel único de María como la Co-Redentora, aquella que compartió íntimamente en el sacrificio redentor de su Hijo por la humanidad.

Además de las prácticas litúrgicas, el Viernes de Dolores también es un día para renovar nuestro compromiso con el seguimiento de Cristo y para ofrecer nuestras propias penas y sufrimientos en unión con los de María. Es una oportunidad para recordar que, incluso en medio de nuestras pruebas y tribulaciones, no estamos solos, ya que María, como madre compasiva, está siempre presente para consolarnos y fortalecernos en nuestra fe.

En última instancia, el Viernes de Dolores nos recuerda el amor incondicional y la entrega total de María a la voluntad de Dios, así como su papel fundamental en el plan de salvación. A través de nuestra devoción y veneración hacia ella en este día, podemos encontrar consuelo y esperanza en medio de nuestras propias aflicciones, confiando en su intercesión y en el poder sanador de su amor maternal. Que este Viernes de Dolores sea una oportunidad para acercarnos más a María y para experimentar la profundidad de su compasión y ternura hacia cada uno de nosotros.

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